En la segunda, de 1841, más extensa y variada, hay un hermoso símil magistralmente desenvuelto, aunque abusa ya un poco de la transposición, rasgo característico de su dicción poética:
Pero del rumbo en que te engolfas mira
Los aleves bajíos,
Que infaman los despojos miserables
¡Ay! ¡de tantos navíos!
Aquella que de lejos verde orilla
A la vista parece,
Es edificio aéreo de celajes
Que un soplo desvanece.
Oye el bramido de alterados vientos