¡De zozobrar te viste!
Es perder el tiempo ahora lamentar la interposición de ese largo y estéril espacio de once años en que nada más hizo ó publicó el poeta; en que la dura necesidad de asegurar el sustento lo forzó al silencio, rodeado por una sociedad donde no hallaba ni auditorio ni estímulo ni esperanza para la poesía; y que la inclemencia del destino así lo persiguiese, cuando se acercaba ya al dintel de la ancianidad, para que inútilmente se consumieran las últimas llamaradas de su genio poético sin dar á nadie calor ni luz. Estaba entonces á punto precisamente de operarse en él marcada transformación, un rejuvenecimiento de sus facultades poéticas acompañado de nuevo rumbo impreso á su gusto y aficiones literarias: prueba del grande y raro vigor de su talento, pues iba ya á cumplir sesenta años.
Fueron frutos de ese momento propicio, que comienza en 1841 y dura tres ó cuatro años más, unas siete composiciones que son después de las Silvas sus obras más características. Además de la canción ya citada, de un efecto monótono de propósito buscado, pero algo fría, escribió las bellísimas quintillas de El Incendio de la Compañía, en que sin dejarse dominar demasiado por las melodiosas seducciones del metro imprime al todo el acento de tristeza profunda, sobria, resignada que el asunto requería:
Noche oscura, muerta calma:
¡Solemne melancolía!
La primera parte describe poderosamente, sin exceso, sin inútil exageración de horror el incendio de la antigua y venerada iglesia de los Jesuitas en Santiago: la segunda representa las ruinas del edificio visitadas después de la catástrofe por una procesión de sombras y fantasmas. Para esta pintura no apela á largas enumeraciones como Espronceda en El estudiante de Salamanca ó al vago delirio de Zorrilla en varias de sus leyendas; condensa el efecto en pocas estrofas limadas, correctas, en que ni falta ni sobra una partícula. Sirvan de ejemplo estas dos, en que la precisión de la sobria descripción apenas permite tildar la repetición de los consonantes verbales:
Va á su cabeza un anciano,
(Una blanca mitra deja
Asomar su pelo cano).
Cantan, y el canto semeja