Tenía Mrs. Stowe en los días de la publicación de su novela (1851-1852) cuarenta años de edad, había cultivado poco las letras y con resultados insignificantes, vivía en ardua lucha con la pobreza, rodeada de numerosa familia, sin más recurso que el mezquino sueldo que como profesor de colegio ganaba su marido. La ley de los esclavos le inspiró el proyecto de escribir la novela; fué en realidad una improvisación escrita semanalmente, á pedazos, á medida que los iba requiriendo el periódico donde primero se insertó. Estaba tan lejos de sospechar la oportunidad y exquisito tino con que iba á hacer vibrar al unísono de su inspiración las místicas cuerdas que aunaban con sus latidos los de tantos otros corazones, que rehusó la proposición de costear á medias con un editor de Boston la impresión del libro, porque era su esposo demasiado pobre para correr riesgo, si acaso el negocio se liquidaba en pérdida: resultado muy de temer en vista del escaso interés que la novela despertó durante los diez meses que estuvo apareciendo en el periódico abolicionista de Washington. Ese era el libro de que en solo un año se iban á imprimir ejemplares hasta la cifra de un millón en la Gran Bretaña únicamente, cifra, dijo La Revista de Edimburgo, probablemente diez veces mayor que la de ningún otro, salvo la Biblia ó el Prayer Book.[13] Esa era la autora de la que, el año mismo de la aparición de la novela, con su énfasis habitual habló Sumner en el Senado en estos términos: «Inspirada por el genio del Cristianismo ha entrado en la liza una mujer cual otra Juana de Arco, agitando con fuerza maravillosa las cuerdas del corazón del pueblo».[14] Y hoy el más reciente, tal vez el más juicioso é imparcial entre los que relatan los sucesos de ese período,[15] considera La Cabaña del tío Tomás tan importante en la historia de los Estados Unidos como La nueva Eloisa en la historia del siglo XVIII en Francia. Los hombres que en sus primeros años leían los escritos de Rousseau fueron los revolucionarios de 1789, como los jóvenes americanos cuyas ideas se formaron leyendo en la novela ó contemplando en el teatro los horrores de la esclavitud, tales como Mrs. Stowe los trazaba, fueron los que más adelante constituyeron la fuerza del partido que consumó por fin la extirpación del cáncer formidable.
Ese efecto colosal, obtenido sin charlatanismo, sin auxilio artificial de especie alguna, fué debido en mucha parte á la poderosa corriente de simpatía que arrastraba por primera vez la masa del pueblo á prestar conmovida atención y escuchar con palpitante interés el eco de las escenas de martirio que pasaban en la región de los esclavos. La autora contribuyó de su lado á la generosa tarea con las intenciones más puras, el más elevado entusiasmo, el más comunicativo ardor, y el libro, concebido y acogido en tan excepcionales condiciones, mereció sin duda todos los honores, llenó gloriosamente su objeto, á pesar de la trama poco fina de su estilo, de la desigualdad de la inspiración poética, del tono excesivamente místico y vago de algunos de sus descosidos episodios.
Los críticos en el Sur de los Estados Unidos, que sintieron bien el vigor y precisión del ataque, quisieron desautorizarlo, acusando la novela de falta de colorido local y declarándola construída sobre hechos inexactos. La primera objeción no carecía de algún fundamento, pues la autora no había personalmente recorrido la comarca especial donde el trabajo esclavo se explotaba en la forma más ruda, y para colocar en ella sus personajes había tenido que pedir acá y allá los detalles esenciales y acumularlos después en breve espacio, en pocas escenas, como era su derecho de artista; pero demostró completamente por medio de una gran masa de datos y documentos, reunidos más adelante bajo el nombre de Clave de la novela, su absoluta buena fe y la suficiente verosimilitud del cuadro general que con tanto relieve había pintado.
La ocasión fué propicia y el talento se impuso á la admiración universal, pero no volvió á encontrar otra igual, ninguna de sus obras posteriores obtuvo ni con mucho éxito parecido, á pesar de que produjo otras de valor literario más subido, que pasaron casi inadvertidas, aunque el nombre de la autora era ya famoso en Europa y en América; pero no pudieron conseguir lo que respecto de la primera dependió principalmente de un estado particular de la opinión. Es probable que muy pocos lean hoy La Cabaña del tío Tomás y sólo á veces se recuerde como ejemplo de moral ó libro de educación de la juventud, bueno todavía para servir de premio en los exámenes. Tiene también su puesto en las antologías, para las que naturalmente se prefieren las escenas que se apartan más de la realidad, como la muerte del pobre negro Tom, especie de visión extática, que asaltó á la autora de improviso, un domingo durante la comunión, antes de que tuviese resuelta la marcha de su argumento, la armazón entera de su edificio.
Además, á medida que se va alejando el período en que la esclavitud imperaba á modo de institución política sacrosanta, se amengua igualmente el efecto trágico y se desvanece mucho la impresión de verdad terrible que en su época produjo. Pero el servicio prestado á la causa de la justicia y la libertad fué muy grande, de vasta trascendencia; si el monumento literario es perecedero, la memoria de la artista no se borrará jamás y nadie con mejor razón que ella pudo exclamar: Non omnis moriar.
CAPÍTULO IV.
Formación del partido republicano.—Convenciones nacionales.—Frémont, Douglas, Buchanan.—Elecciones de 1856.
Cuando se aproxima un cambio profundo en la opinión general de un país, los primeros signos son como ruidos locales de volcanes diseminados por toda la extensión del territorio, cuya íntima conexión pocos reconocen, ni adivinan su carácter de precursores de la gran explosión que se prepara. Así sucedió en los Estados Unidos durante los seis años que van desde que empezó á aplicarse en 1850 la ley de persecución de los esclavos, hasta 1856 que brotó súbitamente el partido "republicano", numeroso, enérgico, lleno de esperanzas, al que reservaba el porvenir la gran tarea de arrancar la esclavitud del suelo de la república.
Los acaecimientos del mes de Mayo de 1856, esto es, el asalto contra Sumner y el incendio y saqueo de una población de Kansas por los colonos esclavistas alentados desde Washington por el Presidente y su ministro de la guerra Jefferson Davis, sucesos ambos que independientemente ocurrieron á pocas horas de intervalo, encontraron al nuevo partido en vías de su definitiva organización, y vinieron muy á tiempo á infundirle el grado de vigor y cohesión que en esos momentos requería. Puede decirse que el partido recibió el bautismo en Pittsburg el 22 de Febrero, aniversario del nacimiento de Jorge Washington, día en que se congregaron allí los adversarios principales de la política imperante en los consejos de la nación, y acordaron proclamar la necesidad de admitir á Kansas como Estado libre y declarar la guerra por todos los medios legítimos contra la extensión del régimen de la esclavitud más allá de los límites donde existía, proscribiendo en lo adelante todo género de transacción ó compromiso. Al efecto convocaban para una Convención en Filadelfia con objeto de nombrar candidato para la presidencia de la república y abrir en seguida animosamente la campaña.
Es sabido que conforme á la Constitución y leyes del Congreso, el pueblo de los Estados Unidos no vota directamente en las elecciones de Presidente de la República, sino escoge cada cuatro años, en un día fijado del mes de Noviembre, compromisarios especiales encargados de formar un colegio electoral y designar el agraciado. En la realidad estos compromisarios obedecen á un mandato imperativo de que jamás se apartan, y nombran siempre á los designados de antemano por el partido político á que ellos pertenecen. El trámite capital, por tanto, es la elección de los candidatos en la junta ó Convención general del partido, candidatos que seguramente serán los escogidos por el colegio electoral y ocuparán el poder, si el partido logra triunfar en el escrutinio general. Llámanse Convenciones nacionales, reúnense por pocos días cada cuatro años, en una ciudad diferente por lo general, y se componen de delegados en número proporcional al de senadores y diputados que cuente cada Estado, delegados escogidos por las agrupaciones permanentes que los partidos tienen siempre organizadas en todos los distritos ó pequeñas circunscripciones políticas, que como mallas de inmensa red cubren el vasto territorio nacional.