Luego, alzando los hombros con expresión de repugnancia, dijo:

—El miedo es algo ruin; ¡y todavía más cuando lo que podemos perder es una vida miserable! Vámonos.

Salieron los tres de la posada, y el anciano siguió el camino del valle con el fin de subir a la cima del Hirschberg, situada enfrente; sus hijos le acompañaron, y pronto se encontraron todos a la orilla del bosque. Materne dijo que era preciso subir lo más alto que fuese posible, con el objeto de dominar la llanura para adquirir noticias ciertas que llevar al vivaque, pues todas las habladurías de los fugitivos no valían lo que una simple ojeada al terreno.

Kasper y Frantz estuvieron conformes, y comenzaron los tres a trepar por el monte, que forma una especie de promontorio avanzando dentro de la llanura.

Cuando llegaron a la cumbre, divisaron claramente la posición del enemigo, situada a tres leguas de allí, entre Urmatt y Lutzelhouse; se veían grandes líneas negras sobre la nieve; más lejos, algunas masas obscuras, que serían sin duda la artillería y los bagajes; otras masas rodeaban las aldeas, y, a pesar de la distancia, el centelleo de las bayonetas indicaba que una columna acababa de ponerse en camino, en dirección de Wisch.

Después de contemplar detenidamente aquel espectáculo con melancólica mirada, el anciano dijo:

—Tenemos a la vista lo menos treinta mil hombres, y avanzan hacia nuestras posiciones; mañana, o pasado mañana lo más tarde, nos atacarán. No va a ser un encuentro de poca monta; pero si ellos son muchos, nosotros tenemos la ventaja del terreno, y además siempre es agradable tirar a las masas; así no se malgastan las balas.

Hechas aquellas razonables reflexiones, Materne calculó la altura del sol y dijo:

—Ahora son las dos; ya sabemos cuanto queríamos saber. Volvamos al vivaque.

Los dos muchachos se pasaron las carabinas a la espalda a modo de bandolera, y, dejando a la izquierda el valle del Brocque, Schirmeck y Framont, subieron la empinada cuesta del Hengsbach, que domina, a una distancia de dos leguas, al pequeño Donon; bajaron por la falda opuesta, sin seguir ningún sendero en la nieve, guiándose sólo por las cimas para cortar terreno.