Tales fueron los incidentes de aquel dia en que se fijó la suerte de la humanidad: la opinion de que Jesús habia resucitado, quedó fundada irrevocablemente, y la secta que se habia tratado de extinguir dando muerte al maestro, dejó entonces asegurado un porvenir inmenso.
Sin embargo, aún quedaban algunas dudas:[110] el apóstol Tomás, que no asistió á la reunion que tuvo lugar el domingo por la noche, confesó que envidiaba la suerte de los que habian visto la señal de la lanzada y de los clavos, y aunque se dice que ocho dias despues quedó satisfecho,[111] conservó un ligero á la par que dulce resentimiento. Por una consideracion instintiva de exquisita precision, comprendíase que el ideal no debe tocarse con las manos ni se le debe sujetar tampoco á la experiencia. Noli me tangere, es la palabra de los grandes amores. El tacto no es necesario para la fé; la vista, órgano más puro y noble que la mano, la vista que no mancha nada ni se mancha tampoco, llegó á ser bien pronto un testigo supérfluo; luego dominó á todos un sentimiento particular; toda vacilacion pareció una falta de lealtad y de amor, se tuvo vergüenza de quedarse atrás, y ninguno, en fin, deseó ya ver. La frase «¡felices los que no han visto y creen!»[112] se puso en boga; comprendióse que era más generoso creer sin pruebas, y los verdaderos amigos de corazon no sentian no haber tenido visiones,[113] así como más tarde San Luis rehusaba ser testigo de un milagro eucarístico, para no rebajar el mérito de la fé. En efecto, desde entonces se produjo á porfía una especie de emulacion que rayaba en delirio: el mérito consistia en creer sin haber visto; la fé á toda costa, la fé gratuita, la fé que llegaba hasta la locura, se exaltó como el primero de los dones del alma. El credo quia absurdum está fundado; la ley de los dogmas cristianos será una extraña progresion que no se detendrá ante ningun obstáculo; una especie de sentimiento caballeresco, impedirá que se mire hácia atrás; los dogmas más queridos de la piedad, aquellos á los cuales se enlazará más estrechamente, serán los más repugnantes á la razon á causa de esa idea sublime de que el valor moral de la fé aumenta en proporcion de la dificultad de creer, y de que no se prueba el amor, admitiendo lo que es claro y evidente.
Así pues, los primeros dias fueron como un período de fiebre intensa durante el cual los fieles, embriagados de alegría, se comunicaban entre sí sus sueños dejándose dominar por las más exaltadas ideas. Multiplicábanse las visiones que se producian regularmente durante las reuniones de la noche:[114] cuando las puertas estaban cerradas, y se hallaban todos poseidos de su idea fija, el primero que creia oir la dulce palabra schalom «Salud ó paz,» daba la señal, y entonces todos escuchaban y oian bien pronto la misma cosa; y era de ver la alegría de aquellas almas sencillas, que sabian que su maestro se hallaba entre ellos. Cada uno saboreaba aquel dulce pensamiento, creyéndose favorecido en particular con algun coloquio; producíanse tambien otras visiones distintas recordando la de los viajeros de Emmaus, y á la hora de la cena, se veia á Jesús aparecer, coger el pan, cortarle y bendecirle, y ofrecerle despues al que favorecia con su vision[115]. En pocos dias reunióse una coleccion de relatos, muy distintos en los detalles, pero inspirados todos por un mismo espíritu de amor y fé absoluta; es un grave error creer que la leyenda necesite mucho tiempo para formarse; la leyenda se produce á veces en un solo dia. El domingo por la noche (16 de nisan, 5 de Abril), teníase por una realidad la resurreccion de Jesús: ocho dias despues la vida que se le suponia despues de la tumba, se consideraba como un hecho evidente.
CAPÍTULO II.
Salida de los discípulos de Jerusalem. — Segunda vida galilea de Jesús.
Año 33
El más ardiente deseo de los que han perdido una persona querida, es ver de nuevo los sitios donde vivieron con ella: este sentimiento sin duda fué el que indujo á los discípulos algunos dias despues de la Pascua á volver á Galilea. Desde el momento en que tuvo lugar el arresto de Jesús, é inmediatamente despues de su muerte, es de presumir que muchos se encaminaran á las provincias del Norte, mas al verificarse la resurreccion circuló el rumor de que se le volveria á ver en Galilea. Algunas de las mujeres que fueron al sepulcro, volvieron diciendo que el ángel las dijo que Jesús las precederia en Galilea;[116] otras manifestaron que era el maestro quien habia mandado que fuesen allí,[117] y no faltó quien creyese recordar que dijo lo mismo en vida.[118] De todos modos, es lo cierto que al cabo de algunos dias, acaso despues de terminar completamente las fiestas de Pascua, los discípulos creyeron recibir la órden de volver á su patria, y volvieron en efecto.[119] Quizá comenzaban á disminuir las visiones en Jerusalem; é iba predominando una especie de nostalgia; las cortas apariciones de Jesús, no eran ya suficientes para compensar el inmenso vacío que dejara su ausencia, y todos pensaban melancólicamente en aquel lago y hermosas montañas, donde disfrutaron del reino de Dios.[120] Las mujeres, sobre todo, querian volver á toda costa al país donde habian sido tan felices, y aquí es preciso observar que la órden de marcha procedia especialmente de ellas.[121] Aquella ciudad odiosa les pesaba; ansiaban ver de nuevo la tierra donde disfrutaban de continuo de la presencia de aquel á quien amaban, y estaban muy seguras de encontrarle allí aún.
La mayor parte de los discípulos marcharon pues llenos de alegría y esperanza, quizás acompañados de la caravana que conducia á los pelegrinos de la fiesta de Pascua. No solo esperaban encontrar en Galilea las visiones, sino ver de continuo al mismo Jesús como sucedia antes de su muerte. La duda llenaba sus almas: ¿iria acaso el maestro á restablecer el reino de Israel, á fundar definitivamente el reino de Dios, y segun se decia, á «revelar su justicia?»[122] Todo era posible: representábanseles ya los risueños paisajes donde disfrutaban de su compañía; creian muchos que les habia dado una cita en una montaña,[123] probablemente la misma en que fijaban sus más dulces recuerdos, y á no dudarlo nunca hicieron los discípulos un viaje más alegre, pues todos eran sueños de felicidad en vísperas de realizarse. ¡Iban á ver á Jesús!
Y le vieron en efecto: apenas entregados á sus pacíficas quimeras, creyéronse en pleno período Evangélico. Era llegado entonces el mes de abril: la tierra estaba sembrada de esos anémonas rojos, que son probablemente esos «lises de los campos,» de los cuales gustábale á Jesús sacar sus comparaciones. Á cada paso se encontraban sus parábolas, como enlazadas con los mil accidentes del camino; aquí el árbol, allí la flor, la semilla de donde sacó su parábola; más lejos, la colina donde pronunció sus conmovedores discursos, y allá, en fin, la barca donde enseñó. Aquello era como un hermoso sueño, era la realizacion de una esperanza perdida; el encanto parecia renacer; el dulce «reino de Dios» seguia su curso. Aquel aire trasparente, aquellas mañanas pasadas en la orilla del rio ó en la montaña, aquellas noches en el lago, guardando las redes, eran otras tantas visiones. Veíanle en todos los sitios donde habian estado con él; sin duda no era aquella alegría completa; acaso el lago les pareciese á veces solitario, pero el verdadero amor se contenta con poca cosa; ¡si tuviéramos el privilegio de ver todos los años á las personas queridas que hemos perdido, con el tiempo suficiente para decirles tan solo dos palabras, puede decirse que no existiria la muerte!
Tal era el estado del alma de aquella tropa de fieles durante el corto período en que el cristianismo pareció volver por un momento á su cuna, á fin de despedirse luego para siempre. Los principales discípulos, Pedro, Tomás, Natanael, y los hijos de Zebedeo, se volvieron á encontrar en las orillas del lago donde vivieron en adelante juntos,[124] trabajando en su antiguo oficio de pescadores en Betsaida y en Capharnahum. Sin duda estaban con ellos las mujeres galileas, que eran las que principalmente habian contribuido á esta vuelta, á fin de satisfacer una necesidad de su corazon. Aquel fué su último acto en la fundacion del cristianismo. Á partir de este momento, ya no se las vé aparecer; fieles á su amor no quisieron abandonar el país donde fueran en otro tiempo tan felices.[125] Bien pronto se las olvidó, y como el cristianismo galileo no tuvo posteridad, perdióse su recuerdo completamente en ciertas partes de la tradicion; aquellas pecadoras convertidas, aquellas verdaderas fundadoras del cristianismo, María Magdalena, María Cleofas, Juana y Susana, pasaron al estado de santas retiradas. San Pablo no las conoce.[126] La fé que ellas habian creado fué causa de que quedasen oscurecidas, y no se les hizo justicia hasta la edad media; una de ellas, María Magdalena, ocupaba entonces un lugar principal en el cielo cristiano.