Su doctrina no tiene ninguna relacion directa, ni copia nada de la filosofía griega. La cita de un verso de Thais de Menandro que se encuentra en sus escritos[508], es uno de los proverbios monósticos que sabia todo el mundo y que podian citarse muy bien sin haber leido los originales. Otras dos citas, una de Epiménides y otra de Arato, que figuran bajo su nombre[509] aunque seguramente no son suyas, se explican tambien como copiadas de segunda mano[510]. La cultura de Pablo es casi exclusivamente judía[511]; es más bien en el Talmud, que en la Grecia clásica donde deben buscarse sus análogos. Algunas ideas generales que la filosofía habia extendido por todas partes, y que podian conocerse sin haber abierto un solo libro de los filósofos[512], las hace tambien suyas. Su manera de raciocinar es de las más extrañas. Ciertamente ignora por completo la lógica peripatética. Su silogismo no es como el de Aristóteles, y por el contrario, su dialéctica tiene la mayor semejanza con la del Talmud. En general, se deja Pablo conducir más bien por las palabras, que por las ideas. Una palabra que tenga en su espíritu le domina y le lleva á un órden de ideas distintas del punto principal. Sus transiciones son bruscas; sus demostraciones interrumpidas; sus períodos con frecuencia cortados. Ningun escritor ha sido más desigual. Inútilmente se buscaria en todas las literaturas un fenómeno tan notable como el capítulo 13 de la primera epístola á los Corintios, página sublime, al lado de débiles argumentos de penosas reticencias, de fastidiosas sutilezas.
Su padre le destinó desde muy jóven á ser rabino, pero segun la costumbre general[513], dióle una profesion. Pablo fué tapicero[514], ó si se quiere trabajador en aquellas telas ordinarias de Cilicia que se llamaban cilicium. En distintas épocas dedicóse á este trabajo[515], pues carecia de fortuna patrimonial y tuvo una hermana, cuyo hijos vivieron en Jerusalem[516]. Los indicios que se tienen de un hermano[517] y de otros parientes[518] que abrazaron el cristianismo, son muy vagos y muy inciertos.
Si hemos de creer que los buenos modales y la finura están en relacion con la fortuna de cada uno, debemos figurarnos á Pablo como un hombre del pueblo mal educado y sin distincion. No obstante, esta apreciacion no es exacta, porque era extremada su finura y sus manos delicadas cuando él queria. Á pesar de su incorreccion de estilo, sus epístolas revelan un hombre de grande imaginacion,[519] encontrándose en sus elevados pensamientos expresiones muy felices. Jamás correspondencia alguna, ha revelado atenciones más rebuscadas, maneras más finas, reconvenciones más amables. Una ó dos de sus fórmulas nos desagradan[520], pero ¡qué facilidad! ¡qué riqueza de frases deliciosas! ¡qué naturalidad! Se comprende bien que su carácter en los momentos en que la pasion no le volvia irascible y duro, debia ser el de un hombre fino, emprendedor, afectuoso, perfectamente susceptible y un poco celoso. Inferiores ante el público[521], estos hombres tienen, en el seno de las pequeñas iglesias, inmensas ventajas por el respeto que inspiran por su aptitud y su práctica y por su hábil manera de salir de las más grandes dificultades.
El aspecto de Pablo era repugnante y su semblante no correspondia á la grandeza de su alma. Era feo, de baja estatura y medio jorobado. Sus fuertes hombros sostenian una cabeza pequeña y calva; su semblante ostentaba una barba poblada y espesa; tenia la nariz aguileña; los ojos penetrantes y eran negras las cejas que delineaban su frente[522]. Su palabra no ofrecia nada de particular ni imponia[523]: una especie de temor, de embarazo, de incorreccion, daba frecuentemente una pobre idea de su elocuencia[524]. Como hombre de tacto, insistia él mismo sobre sus defectos exteriores, sacando de ellos ventajas[525]. La raza judía tiene de notable que presenta tipos de la más grande belleza y de una fealdad completa; pero la fealdad judía es una cosa completamente especial. Unas facciones extrañas, que con frecuencia excitan la sonrisa, y toman, cuando se iluminan, una especie de resplandor profundo y de majestad.
El temperamento de Pablo, no era menos singular que su exterior. Su contextura vigorosa y fuerte, se hallaba alterada por una vida llena de fatigas y de sufrimientos. Sin cesar alude él mismo á su debilidad corporal y se presenta como un hombre demacrado, enfermo, tímido, sin esperanza, sin prestigio, sin nada de lo que hace efecto, si bien tiene el mérito de no hacer aprecio de estas miserias[526]. Á veces habla con misterio de una prueba secreta, «de una espina clavada en su carne,» que compara á un ángel de Satán, ocupado en molestarle y al cual Dios ha permitido que se le uniera para que no se enorgulleciese[527]. Tres veces ha pedido al Señor que le librara de esta pena; tres veces el Señor le ha contestado: «Mi gracia te basta.» Esta era sin duda una debilidad suya, pues el atractivo de las voluptuosidades carnales no pareció agitarle nunca puesto que él mismo nos enseña á ser insensible á las mismas[528]. Parece que no se casó[529]; la frialdad de su temperamento, consecuencia de los ardores espirituales de su cerebro, se muestra durante toda su vida; se envanece de ello con tanta seguridad que es probable no esté exenta de cierta afectacion y que en todo caso tiene para nosotros algo repugnante[530].
Fué muy jóven á Jerusalem[531] y dícese que entró en la escuela de Gamaliel el Viejo[532]. Gamaliel era el hombre más ilustre de Jerusalem. Como el nombre de fariseo se aplicaba á todo judío notable que no era de familia sacerdotal, Gamaliel pasaba por un miembro de esta secta, pero no era exclusivista ni pobre de espíritu como aquella. Era un hombre liberal, ilustre, que comprendia á los paganos y sabia el griego[533]. Tal vez las grandes ideas que profesó San Pablo al convertirse, fueron una reminiscencia de lo que le enseñó su primer maestro; es necesario, sin embargo, confesar que no fué la moderacion lo que del mismo aprendió. En la atmósfera cálida de Jerusalem llegó á un grado extremo de fanatismo. Figuraba á la cabeza del jóven partido fariseo, rigorista y exaltado que estaba unido á su pasado nacional hasta el último extremo[534]. Él no conoció á Jesús[535] ni asistió á la escena sangrienta del Gólgota, pero le hemos visto tomando una parte activa en la muerte de Estéban y figurar en primera línea entre los perseguidores de la Iglesia. Solo respiraba muerte y amenazas y corrió á Jerusalem escudado de una órden que autorizaba todos sus excesos. Iba de sinagoga en sinagoga, forzando á los tímidos para que renegaran del nombre de Jesús, y haciendo apalear ó encerrar á los otros[536]. Cuando la Iglesia de Jerusalem se dispersó, las poblaciones vecinas fueron víctimas de su rabia[537], desesperándole los progresos de la nueva fé, hasta que habiendo sabido que un grupo de fieles se habia constituido en Damasco, pidió al gran sacerdote Teófilo, hijo de Hanan[538], cartas para la sinagoga de esta poblacion, que le confiriesen el poder de prender á las personas creyentes y de llevarlas atadas á Jerusalem[539].
El desórden de la autoridad romana en Judea, despues de la muerte de Tiberio, explica estas arbitrarias vejaciones que tenian lugar bajo el mando del insensato Calígula. La administracion estaba desarreglada en todas partes, y el fanatismo habia ganado lo que habia perdido el poder civil. Despues del mando de Pilatos, y las concesiones hechas á los indígenas por Lucio Vitelio, se adoptó el principio de dejar al país abandonado á sus leyes especiales, y entonces se ejercieron mil tiranías locales aprovechando la debilidad de un poder insuficiente. Por aquella época Damasco habia pasado al poder del rey Hartat ó Hareth cuya capital era Petra[540].
Este príncipe poderoso y valiente, despues de haber derrotado á Herodes Antipas y puéstose al frente de las fuerzas romanas mandadas por el legado imperial Lucio Vitelio, se habia visto maravillosamente favorecido por la fortuna. La noticia de la muerte de Tiberio (16 marzo 37) habia detenido repentinamente á Vitelio[541]. Hareth, aprovechando esta oportunidad se apoderó de Damasco, estableciendo en esta poblacion un etnarca ó gobernador.[542] Cuando tuvo lugar esta conquista, la mayor parte de los habitantes de dicha ciudad eran judíos que ejercian el proselitismo y muy particularmente las mujeres[543]. El modo de contentarles, el medio de ganarles, era hacer siempre concesiones á su autonomía; y toda concesion á su autonomía era un permiso para entregarse á violencias religiosas[544]. Castigar y matar á los que no pensaban como ellos: hé aquí lo que llamaban independencia y libertad.
Pablo salió de Jerusalem, siguiendo sin duda el camino ordinario y pasó el Jordan por el puente llamado de las Hijas de Jacob. No tenia límites la exaltacion de su cerebro y por momentos parecia estar loco y desvanecido. La pasion no puede ser una regla de fé: el hombre apasionado va de una creencia á otra distinta llevando á ella únicamente el mismo fuego. Como todas las almas fuertes, Pablo estaba muy cerca de amar lo que odiaba. Por otra parte, ¿estaba seguro de no contrariar la obra de Dios? Las ideas mesuradas y justas de su maestro Gamaliel[545], le venian sin duda á la memoria y es de advertir que almas ardientes como la de Pablo sienten á veces terribles remordimientos. Debia tener presentes las lágrimas de los que torturaba;[546] el cariño de sus buenos sectarios, quienes le amaban tanto más á medida que iban conociéndole; y sin embargo, nadie les conocia tanto á ellos como su perseguidor. Por momentos creia ver la figura de su Maestro, que tanta paciencia inspiraba á sus discípulos, mirarle con aire de piedad y reconvenirle dulcemente. Lo que se explicaba de las apariciones de Jesús, concebido como un sér aéreo y perfectamente visible, le afectaba mucho, pues en las épocas y en los países en que se cree lo maravilloso, las narraciones de milagros imponen igualmente á los de partidos opuestos, teniendo por ejemplo, miedo los musulmanes de los milagros de Elías y pidiendo como los cristianos curaciones sobrenaturales á San Jorge y á San Antonio. Pablo, despues de haber atravesado la Iturea, entró en la llanura de Damasco, aproximóse á la poblacion y estaba ya probablemente á la entrada de los jardines que la rodean. Era medio dia[547] y viajaba á pié en union de varios compañeros[548].
El camino de Jerusalem á Damasco no ha cambiado todavía: es el que partiendo de esta última ciudad en la direccion del Sud-oeste, atraviesa la hermosa llanura regada á la vez por los rios afluyentes del Abana y de Farfar y sobre la cual se extienden hoy las poblaciones de Dareya, Kaukab y Sasa. No puede buscarse el punto de que hablamos, y que fué teatro de uno de los hechos más importantes de la historia de la humanidad, sino cerca de Kaukab á cuatro horas de Damasco[549]. Tambien es probable que el punto en cuestion fuera más cercano á la poblacion y en este caso se estaria en lo cierto colocándolo cerca de Dareya, hora y media de Damasco, ó entre Dareya y el último confin de Meidan[550]. Pablo tenia delante de sí la poblacion cuyos edificios debian ya divisarse por entre los árboles; detrás la majestuosa altura del Hermon con sus nevadas crestas que le asemejaban á la cabeza de un anciano; á su derecha el Haurán, las dos pequeñas cordilleras paralelas que cierran el camino inferior de Farfar[551] y los túmulos[552] de la region de los lagos; á su izquierda los contrafuertes del Ante-Líbano que se unen al Hermon. La impresion que se siente al divisar aquellos campos ricamente cultivados, y aquellas deliciosas vegas separadas unas de otras por frondosos árboles, cargados de sabrosos frutos, es la de la calma y la felicidad. Figuraos un camino sombrío abriéndose paso entre la enramada, cruzado sin cesar por canales de riego, serpenteando al través de olivares, nogales, albaricoques, y otros árboles unidos entre sí por las ramas de espesas cepas, y tendreis una idea del lugar donde aconteció el hecho extraño que ha ejercido tanta influencia sobre la fé del mundo. Apenas se cree el viajero estar en Oriente al cruzar los alrededores de Damasco,[553] y sobre todo al salir de las ásperas y cálidas regiones de la Gaulanítide y de la Iturea lo que más satisface al alma es la alegría de encontrar los trabajos del hombre y las bendiciones del cielo. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros dias, toda aquella zona que rodea á Damasco de frescura y bienestar, no ha tenido más que un nombre, no ha inspirado más que un sueño, el de paraiso de Dios.