Año 38
Desde el año 38 al 44 parece que no sufrió persecucion alguna la Iglesia[585]. Tomaron los fieles precauciones que sin duda descuidaran antes de la muerte de Estéban y evitaron hablar en público. Tal vez tambien las desgracias de los judíos, que durante todo el segundo período del reinado de Calígula, estuvieron en lucha con este príncipe, contribuyeron á favorecer la secta naciente. Efectivamente, los judíos perseguían más cuanto mayor era la armonía que reinaba entre ellos y los romanos. Para asegurar ó recompensar su tranquilidad, estos les aumentaron sus privilegios y en particular el que más querian, el derecho de castigar á las personas que miraban como infieles á la Ley.[586] Ahora bien, los años á que hemos llegado fueron de los más tempestuosos para la historia, siempre turbulenta de aquel pueblo singular.
La antipatía que los judíos por su superioridad moral, por sus nobles costumbres y tambien por su dureza, excitaban en las poblaciones en medio de las cuales vivian, habia llegado á su colmo, sobre todo en Alejandría[587], y estos ódios acumulados pudieron al fin satisfacerse al subir al imperio uno de los mayores locos que hayan reinado. Calígula, despues de la enfermedad que alteró sus facultades mentales (octubre, 37) daba el espantoso espectáculo de un furioso gobernando el mundo con el poder más enorme que jamás hombre alguno ha tenido en sus manos. La desastrosa ley del cesarismo hacia posibles é incurables semejantes horrores, que duraron tres años y tres meses. Dá vergüenza narrar en una historia séria lo que vamos á decir: antes de entrar en la reseña de estas saturnales, es necesario repetir con Suetonio: Reliqua ut de monstro narranda sunt.
El más inofensivo pasatiempo de aquel insensato, era ocuparse de su propia divinidad[588], demostrando una especie de amarga ironía, una mezcla de gravedad cómica (pues al mónstruo no le faltaba talento), y de irrision profunda al hablar del género humano. Los enemigos de los judíos comprendieron la inmensa ventaja que podian sacar de esta manía. Era tal el estado religioso del mundo, que no se levantaba una sola protesta contra los actos sacrílegos del César; y cada culto se apresuró á conferirle los títulos y honores reservados á sus dioses. La eterna gloria de los judíos es haber levantado el grito de la conciencia indignada en medio de esta innoble idolatría. El principio de intolerancia que les dominaba y que les conducia á tantas crueldades aparecia aquí bajo su verdadero aspecto. Afirmando que era absoluta su religion no se humillaron ante el odioso capricho del tirano y esto fué el orígen de tantas persecuciones sin fin. Bastaba que hubiese en una poblacion un solo hombre descontento de la sinagoga, malvado ó simplemente espía, para sentir espantosas consecuencias. Un día se encontraba un altar en honor de Calígula en sitio donde no podian tolerarlo los judíos[589]: otro una multitud de chiquillos escandalizaban porque sólo los judíos rehusaban colocar la estátua del emperador en sus lugares de oracion; corríase entonces á las sinagogas y á los oratorios; poníase en ellas el busto de Calígula[590] y colocaban á los infelices en la alternativa de renunciar á su religion ó de cometer un crímen de lesa majestad. De ahí originábanse espantosas vejaciones.
Habíanse renovado varias veces semejantes actos, cuando se le sugirió al emperador una idea todavía más diabólica, y fué la de colocar una colosal estátua de oro en el santuario del templo de Jerusalem y hacer dedicar el templo mismo á su divinidad[591]. Esta odiosa intriga aumentó por treinta años la revolucion y ruina de la nacion judaica.
La moderacion del legado imperial, Publio Petronio y la intervencion del rey Herodes Agrippa, favorito de Calígula, previnieron la catástrofe; pero hasta el momento en que la espada de Querea libró á la tierra del tirano más execrable que habia sufrido, los judíos vivieron por todas partes bajo el terror. Philon ha conservado los detalles de la inaudita escena que tuvo lugar, cuando una diputacion, de la cual aquel era presidente, fué admitida á presencia del emperador[592]. Calígula les recibió mientras visitaba las poblaciones de Mecenas y de Lamia, cerca del mar en los alrededores de Pozzuoli. Era un dia en que estaba de buen humor: Helicon su primer bufon acababa de contarle toda clase de bufonadas sobre los judíos. «¡Ah! ¿sois vosotros, les dijo con amarga sonrisa y enseñándoles los dientes, los únicos que no quereis reconocerme por Dios y preferís adorar á uno que ni siquiera os atreveis á nombrar?» y acompañó estas palabras con una horrible blasfemia. Los judíos temblaron y sus adversarios alejandrinos tomaron la palabra: «Vos aborreceriais más, señor, á toda esa gente y á su nacion si supierais la aversion que os profesan, pues son los únicos que no han sacrificado por vuestra salud, cuando todos los demás pueblos lo han hecho.» Á estas palabras, contestaron los judíos que aquello era una calumnia y que ellos habian ofrecido tres veces para la prosperidad del emperador los sacrificios más solemnes que les permitia su religion. «Sí, dijo Calígula con seriedad cómica, habeis sacrificado muy bien pero no es á mí á quien habeis sacrificado; ¿qué ventaja he sacado yo?» y en seguida volvióles la espalda, empezó á recorrer las habitaciones, dando órdenes para su reparacion, subiendo y bajando sin cesar. Los desdichados diputados (entre los cuales figuraba Philon, de ochenta años de edad, el más venerable de aquel tiempo despues de la muerte de Jesús), le seguian por todas partes jadeantes, temblando, ridiculizados por los criados. Calígula volvióse de repente y dijo: «Á propósito, ¿por qué no comeis cerdo?» Los bufones se echaron á reir y los oficiales con tono severo les advirtieron que faltaban á la majestad del emperador con sus risas inmoderadas. Los judíos balbucearon y uno de ellos dijo sencillamente: «Pero hay personas que no comen cordero.—¡Ah! en esto, repuso el emperador, tienen razon, pues es manjar que no tiene gusto alguno.» Fingió entonces querer enterarse de su negocio, mas apenas empezaron la explicacion interrumpióles su discurso, se fué á dar órdenes para la decoracion de una sala que queria adornar con piedra lapidaria. Regresó afectando cierta moderacion, preguntó á los enviados si tenian algo que añadir y como estos reanudaran el discurso interrumpido, volvióles de nuevo la espalda para ir á ver otra sala que hacia adornar con pinturas. Este juego del tigre que se divierte con su víctima, duró horas: los judíos solo esperaban la muerte, pero en el último momento la fiera escondió sus garras: «¡Vamos! dijo Calígula decididamente, estas gentes son más dignas de compasion que culpables por no creer en mi divinidad.» Véase pues cómo se trataban las cuestiones más graves bajo el horrible régimen que la humillacion del mundo habia creado, que una soldadesca y una poblacion igualmente viles querian, y que la bajeza de todos sostenia.
Año 39
Se comprende que esta situacion tirante hubiese hecho perder á los judíos del tiempo de Marulo mucha audacia de aquella que les hacia hablar tan atrevidamente de Pilatos. Los cristianos, arrojados del templo, debian estar menos espantados que los judíos de los proyectos sacrílegos de Calígula ya que eran entonces poco numerosos para que Roma pudiera conocer su existencia. La tempestad del tiempo de Calígula, como la que precedió á la toma de Jerusalem por Tito, pasó sobre su cabeza sin tocarles y aun á muchos de ellos les favoreció. Todo lo que debilitaba la independencia judía les era favorable, puesto que les libraba del poder de una ortodoxia supuesta apoyando sus pretensiones con severas penas.
Este período de paz, fué fecundo en desarrollos interiores. La Iglesia naciente se dividia en tres provincias: Judea, Samaria y Galilea[593], á la cual sin duda pertenecia Damasco. Jerusalem tenia su primacia, absolutamente incontestable. La Iglesia de esta ciudad cuyos habitantes se habian dispersado despues de la muerte de Estéban se reconstituyó pronto: los apóstoles no abandonaron jamás la poblacion y los hermanos del Señor continuaban ejerciendo y gozando grande autoridad[594]. Parece que esta segunda Iglesia de Jerusalem no se organizó de una manera tan rigurosa como la primera; la comunidad de bienes no fué estrictamente restablecida y solamente se fundó una gran caja para los pobres, donde debian depositarse las limosnas que las iglesias particulares remitian á la Iglesia madre orígen y fin permanente de su fé[595].
Año 40