Pedro verificaba distintos viajes apostólicos alrededor de Jerusalem[596] y gozaba todavía de una grande reputacion de milagrero. En Lydda[597] sobre todo, pasaba por haber curado á un paralítico nombrado Eneas, milagro que le valió numerosas conversiones en la llanura de Saron[598]. De Lydda se volvió á Joppe[599] poblacion que parece haber sido un centro para el cristianismo. Las poblaciones de obreros, de marinos, de gente pobre, donde los judíos ortodoxos no dominaban[600] eran los que ofrecian mejores disposiciones para la nueva secta. Pedro permaneció mucho tiempo en Joppe en casa de un curtidor llamado Simon que vivia cerca del mar[601]. La industria del cuero era demasiado impura y no se visitaba á los que la ejercian, aunque los blanqueadores estaban ya reducidos á vivir en un barrio separado[602]. Escogiendo Pedro semejante morada, da una prueba de su indiferencia por las preocupaciones de los judíos y trabaja para el ennoblecimiento de las pequeñas industrias que entran por mucho en la obra del espíritu cristiano.
La organizacion de las obras de caridad se proseguia con ardor. La Iglesia de Joppe poseia una mujer admirable llamada en armenio Tabitha (señorita) y en griego Dorcas[603], que consagraba todos sus cuidados á los pobres[604]. Parece que era rica y distribuia sus bienes en limosnas. Esta respetable señora habia formado una sociedad de viudas piadosas que se dedicaban[605] á tejer vestidos para los pobres. Como la excision del cristianismo y judaismo no se habia consumado, es probable que los judíos bendijeran estos actos de caridad. «Los santos y las viudas»[606] eran piadosas personas que hacian bien á todos, especie de mendicantes que solo eran sospechosos á los rigoristas de una ortodoxia pedantesca, unos fraticelli amados del pueblo, devotos, caritativos y llenos de piedad.
El gérmen de estas asociaciones de mujeres que son una de las glorias del cristianismo, existió de esta suerte en las primeras iglesias de Judea. En Jaffa empezó la generacion de estas mujeres vestidas de lino, que al través de los siglos debian continuar la tradicion de la caridad secreta. Tabitha fué la madre de una familia que no acabará mientras existan miserias que consolar, buenos deseos de mujer que deban satisfacerse. Más tarde se dijo que Pedro la habia resucitado. ¡Ah! la muerte por insensata que sea, por injusta que fuese en este caso, es inflexible. Cuando el alma más sublime se ha exhalado, el decreto permanece irrevocable; la mujer más excelente, como la más vulgar, no responde á las voces amigas que la llaman. Pero la idea no está sujeta á las condiciones de la materia. La virtud y la bondad escapan de las garras de la muerte: Tabitha no tenia necesidad de resucitar. Por pasar algunos dias más en esta triste vida, ¿habia necesidad de hacerla salir de su dulce é inmutable eternidad? Dejadla descansar en paz, ya llegará el dia de los justos.
En aquellas poblaciones tan mezcladas, el problema de la admision de paganos al bautismo se ofrecia á cada momento y convenia resolverlo con urgencia. Esto preocupaba mucho á Pedro. Estaba un dia orando sobre el terrado de la casa del curtidor, viendo ante él aquel mar que iba á llevar pronto la fé nueva á todo el imperio y tuvo un éxtasis profético. En medio de aquel débil sueño á que se hallaba entregado, creyó experimentar una sensacion de hambre y pidió alguna cosa. Mientras se lo estaban preparando, vió el cielo abierto y una canasta atada por sus cuatro lados que descendia. Habiendo mirado al interior de la canasta, vió animales de toda especie y creyó oir una voz que le decia: «Mata y come.» Objetando que varios de estos animales eran impuros, le repuso la voz: «No llames impuro lo que Dios ha purificado.» Esto le fué repetido tres veces seguidas. Pedro se persuadió de que estos animales representaban simbólicamente la masa de los gentiles, que Dios mismo acababa de declarar aptos para la comunion de su santo reino[607].
Pronto se presentó la ocasion de aplicar estos principios. Desde Joppe, Pedro se volvió á Cesarea, donde se puso en relacion con un centurion llamado Cornelio[608]. La guarnicion de Cesarea estaba formada en gran parte por una de aquellas cohortes compuestas de voluntarios italianos que se llamaban Italicæ[609]. El nombre completo de esta ha podido ser cohors prima Augusta Italica civium romanorum[610]. Cornelio era centurion de esta cohorte y por consiguiente italiano y ciudadano romano. Era un buen hombre, que despues de largo tiempo se sentia atraido por el culto monoteista de los judíos, oraba, hacia limosnas, y en una palabra, practicaba todos los preceptos de la religion natural que supone el judaismo; pero no habia sido circuncidado y por esto no era prosélito de grado alguno; era solo un pagano piadoso, un israelita de corazon, y nada más[611]. Toda su casa y algunos soldados de su compañía estaban, segun se decia, en las mismas disposiciones[612]. Cornelio quiso entrar en la nueva Iglesia, y Pedro cuyo carácter era franco y bondadoso acordóle lo que deseaba, y el centurion fué bautizado[613].
Tal vez Pedro no encontró de pronto dificultad alguna; sin embargo, á su regreso á Jerusalem se le dirigieron graves cargos. Habia faltado abiertamente á la ley, habia estado entre los incircuncisos y habia comido con ellos. La cuestion era efectivamente capital; se trataba de saber si la ley estaba abolida, si era permitido violarla por proselitismo y si los gentiles podian ser recibidos de hecho en la Iglesia. Para defenderse contó Pedro su vision de Joppe y más tarde el hecho del centurion sirvió de argumento para el bautismo de los incircuncisos. Á fin de darle más fuerza se supuso que en este grave asunto mediaba la intervencion del cielo; se explicó que Cornelio, despues de fervientes oraciones, habia visto á un ángel que le habia ordenado fuese á Joppe á llamar á Pedro; que la vision simbólica de Pedro, tuvo lugar á la misma hora en que llegaban los emisarios de Cornelio, y que desde entonces se habia encargado Dios de legitimar todo lo que se habia hecho, puesto que el Espíritu Santo, habiendo descendido sobre Cornelio y sobre las personas de su casa, estos habian hablado la lengua, y recitado los salmos á la usanza de los otros fieles. Y ¿era natural rehusar el bautismo á las personas que habian recibido el Espíritu Santo?
La Iglesia de Jerusalem estaba todavía compuesta de judíos y de prosélitos: que el Espíritu Santo descendiera sobre los incircuncisos, antes del bautismo, parecia un hecho muy extraordinario y es probable que desde entonces existiera un partido opuesto, en principio, á la admision de los gentiles, y que no todo el mundo aceptara las explicaciones de Pedro. El autor de las Actas[614] quiere que la aprobacion haya sido unánime; pero dentro de algunos años, veremos renacer la cuestion con mayor empeño[615]. Tal vez se acepta el hecho del buen centurion como el del eunuco de Etiopía, á título de hecho excepcional justificado por una revelacion y una órden expresa de Dios, pero el asunto está lejos de quedar resuelto. Esta fué la primera controversia en el seno de la Iglesia; el paraiso de la paz interior habia durado seis ó siete años.
Desde el año 40, poco más ó menos, la grande cuestion, de la cual dependia el porvenir del cristianismo, parece haber quedado resuelta. Pedro y Felipe con su buen juicio, entrevieron la verdadera solucion y bautizaron á los paganos. Sin duda en las dos reseñas que el autor de las Actas nos da sobre este asunto y que están en parte calcadas la una sobre la otra, es difícil desconocer su sistema. El autor de las Actas pertenece á un partido de conciliacion favorable á la entrada de los paganos en la Iglesia y no quiere confesar las divisiones que la violencia de la cuestion ha producido. Se conoce perfectamente que este autor, al narrar los episodios del eunuco, del centurion y de las conversiones de los samaritanos, no quiere dar más que los detalles referentes á una sola opinion; y por otro lado tampoco podemos admitir que invente los hechos que explica. Las conversiones del eunuco y del centurion Cornelio, son probablemente hechos reales presentados y transformados segun las exigencias de la tésis, en vista de la cual ha sido compuesto el libro de las Actas.
Año 41
Aquel que diez ú once años más tarde debia dar á este debate un golpe decisivo era Pablo, el cual no se habia mezclado en ello todavía ya que se hallaba predicando en Haurán y en Damasco, refutando á los judíos y defendiendo á la nueva fé con tanto entusiasmo cuanto mayor era el que habia desplegado para combatirla. El fanatismo del cual habia sido instrumento, á su vez, no tardó en perseguirle. Los judíos resolvieron perderle obteniendo del etnarca que gobernaba en Damasco en nombre de Hareth, una órden para prenderle. Pablo se escondió: al saberse que habia de salir de la poblacion, el gobernador que queria complacer á los judíos, puso guardias en todas las puertas con órden de arrestarle, pero los hermanos le hicieron escapar de noche bajándole por una ventana que caia al otro lado de la muralla[616]. Libre de este peligro, Pablo dirigió sus pasos hácia Jerusalem. Hacia tres años[617] que era cristiano y aún no habia visto á los apóstoles. Su carácter duro, poco expansivo, y retraido, le habia hecho volver la espalda, bajo cierto aspecto, á la grande familia en la cual á su pesar acababa de entrar, y prefirió para su apostolado un país nuevo donde no pudiese encontrar colega alguno. Sin embargo, el deseo de ver á Pedro se habia apoderado de él[618], reconocia su autoridad, y como todo el mundo, le designaba con el nombre Kepha, «la piedra». Regresó pues á Jerusalem siguiendo en sentido contrario el camino que tres años antes habia recorrido bajo disposiciones muy distintas.