Su posicion en Jerusalem fué extremadamente falsa y embarazosa. Habíase dicho en esta poblacion que el perseguidor se habia convertido en el más celoso de los evangelistas y en el primer defensor de la fé que intentara antes combatir[619], pero existian contra él notables prevenciones: muchos le suponian algun horrible proyecto. Se le habia visto tan encolerizado y tan cruel penetrar en las casas, violando los secretos de familia para encontrar alguna víctima, que se le creia capaz de representar semejante papel para perder mejor á los que odiaba[620]. Parece que vivió en casa de Pedro[621]: pero varios discípulos permanecian sordos á su voz y se separaban de él[622]. Bernabé, hombre de corazon y de voluntad, desempeñó en aquella ocasion un papel importante.
En su calidad de chipriota y de nuevo convertido comprendió mejor que los discípulos galileos la posicion de Pablo. Presentósele delante; cogióle la mano de algun modo, le presentó á los más reticentes y salió garante de él[623]. Por este acto de sabiduría y de penetracion, Bernabé mereció el más elevado puesto en el cristianismo. Él fué el que comprendió á Pablo; á él es á quien la Iglesia debe el más extraordinario de sus fundadores. La fecunda amistad de estos dos hombres apostólicos, amistad que no empañó nube alguna, á pesar de sus divergencias, fué más tarde causa de la asociacion para las misiones contra los gentiles. Esta grande asociacion data de la primera permanencia de Pablo en Jerusalem. Entre las causas de la fé del mundo es necesario contar el generoso movimiento de Bernabé tendiendo la mano á Pablo sospechoso y despreciado; la profunda intuicion que le hizo descubrir un alma de apóstol bajo aquel aspecto humilde, la energía con que venció los obstáculos que presentaban los repugnantes antecedentes del converso, y tal vez ciertos rasgos de su carácter, que se habian interpuesto entre él y sus nuevos hermanos.
Por otra parte, Pablo evitaba sistemáticamente ver á los apóstoles. Él mismo dice, y lo afirma bajo juramento, que solo veia á Pedro y á Jacobo, hermano del Señor[624]. Su permanencia allí, solo duró dos semanas[625]. Es posible que cuando Pablo escribió la epístola á los Galatas (vers. 56) se hubiese encontrado, por las circunstancias del momento, obligado á falsear un poco el carácter de sus relaciones con los apóstoles y les presentara más secos, más imperiosos de lo que fueron en realidad; pero el versículo 56 tiende esencialmente á probar que nada habia recibido de Jerusalem y que en manera alguna era el mandatario del consejo de los Doce establecido en aquella poblacion. Su actitud en Jerusalem era la de un maestro altivo que evita las relaciones con los otros maestros para no estar subordinado á ellos, y no la actitud humilde de un culpable arrepentido de su pasado, como supone el autor de las Actas. Nosotros no podemos creer que desde el año 41 estuviera Pablo animado de esta especie de celo de conservar su propia originalidad que mostró más tarde. La rareza de sus entrevistas con los apóstoles y la brevedad de su permanencia en Jerusalem, reconocian por causa probablemente la cortedad que experimentaba delante de personas de naturaleza distinta á la suya y llenas de prejuicios contra de él, más bien que una política sagaz que le hubiese hecho comprender con quince años de anticipacion los inconvenientes que podia encontrar en sus relaciones.
En realidad lo que debia levantar una barrera entre los apóstoles y Pablo, era sobre todo la diferencia de carácter y de educacion. Los apóstoles eran todos Galileos y no habian estado en las grandes escuelas judías; habian visto á Jesús y se acordaban de sus palabras; eran de naturaleza buena y piadosa, y á veces ingénuos y graves. Pablo era un hombre de accion, lleno de fuego, medianamente místico, impulsado como por una fuerza superior á formar parte de una secta que no era en manera alguna la de su primitiva adopcion. La revolucion, la protesta, eran sus habituales sentimientos[626]. Su instruccion judía era mucho más profunda que la de todos sus nuevos hermanos; pero no habiendo oido á Jesús, no habia sido instituido por él; en esto era muy inferior, segun las doctrinas cristianas, y sin embargo, Pablo no habia nacido para aceptar un lugar secundario: su altiva individualidad exigia un sitio á parte. Probablemente por aquel tiempo concibió la atrevida idea de que despues de todo nada tenia que envidiar á aquellos que habian conocido á Jesús y que habian sido elegidos por él, puesto que tambien él mismo habia visto á Jesús, habia recibido una revelacion directa y el mandato de su apostolado. Aun aquellos que fueron honrados con una aparicion personal de Cristo resucitado, podian suponerse más privilegiados que él, pues por haber sido su vision la última, no por eso valia menos, puesto que se produjo en circunstancias que le daban un carácter particular de importancia y de distincion[627]. ¡Oh error! el eco de la voz de Jesús se encontraba en el discurso del más humilde de sus discípulos. Con toda su ciencia judía, Pablo no podia salvar la inmensa desventaja que resultaba para él de su tardía iniciacion. El Cristo que habia visto en el camino de Damasco no era, como decia, el Cristo de Galilea; era el Cristo de su imaginacion, de su propio sentido. Aunque estuviera atento para recoger las palabras de su Maestro[628], es evidente que no era más que un discípulo de segundo órden. Si Pablo hubiese encontrado á Jesús en vida, puede dudarse que se le hubiese unido. Su doctrina será la suya propia, no la de Jesús; las revelaciones de que habla con entusiasmo son el fruto de su cerebro.
Estas ideas que aún no se atreve á propagar le hacen incómoda su estancia en Jerusalem. Á los quince dias se despide de Pedro y parte. Habia visto tan poca gente que se atreve á decir que nadie en las iglesias de Judea habia visto su semblante y que lo que sabian de él, era solo de oidas[629]. Más tarde atribuyó él mismo á una revelacion esta brusca partida. Contó que un dia orando en el templo, tuvo un éxtasis y que vió á Jesús en persona y recibió la órden de abandonar pronto á Jerusalem «puesto que no estaban dispuestos á recibir su testimonio.» En cambio de la ciudad, Jesús le prometia el apostolado de las naciones lejanas y un auditorio sumiso á su voz[630]. Los que quieren ahogar el recuerdo de las disensiones y disgustos que la entrada de este indócil discípulo causó en la Iglesia, aseguran que Pablo pasó largo tiempo en Jerusalem viviendo con los hermanos bajo la más completa libertad, pero que habiendo querido predicar á los judíos helenistas, fué amenazado de muerte por ellos, y los hermanos que velaban por su seguridad le hicieron conducir á Cesarea[631].
Es probable que de Jerusalem fuese á Cesarea, pero estuvo allí poco, pues marchó á recorrer en seguida la Siria y despues la Cilicia[632]. Sin duda desde entonces empezó á predicar, pero solo por cuenta propia y sin acuerdo de persona alguna. Tarso, su patria, fué su morada habitual durante este período de su vida apostólica, que puede graduarse en dos años[633]. Es posible que las iglesias de Cilicia le deban sus primicias[634]; sin embargo, la vida de Pablo no fué en esta época tal como la vemos más tarde. Él no tomó el título de apóstol, reservado únicamente á los Doce[635]. Á partir de su asociacion con Bernabé (año 45) es cuando entra en esta carrera de peregrinaciones sagradas y de predicaciones, que le convierten en un tipo del misionero viajante.
CAPÍTULO XII.
Fundacion de la Iglesia de Antioquía.
Año 41
Poco á poco la fé nueva realizaba sorprendentes progresos. Los miembros de la Iglesia de Jerusalem que se habian dispersado despues de la muerte de Estéban, llevando sus conquistas á lo largo de la costa Fenicia, dominaron en Chipre y Antioquía: tenian entonces por principio inconcuso predicar tan solo á los judíos[636].