Marcha general de las misiones cristianas.

Año 45

Hemos visto á Bernabé partir de Antioquía para remitir á los fieles de Jerusalem la colecta de sus hermanos de Siria. Le hemos visto presenciar alguno de los disturbios que la persecucion de Herodes Agrippa I causó á la Iglesia de Jerusalem[823]; volvamos con él á Antioquía, donde parece haberse concentrado en este momento toda la actividad creadora de la secta.

Bernabé llevó consigo á un celoso colaborador: este era su primo Juan Márcos, el discípulo querido de Pedro[824], el hijo de aquella María en casa de la cual el primero de los apóstoles deseaba permanecer. Sin duda, tomando este nuevo colaborador, pensaba ya en la grande empresa á la cual iba á asociarle. Tal vez preveia las divisiones que la misma obra suscitaria, y tenia cuidado de tomar por compañero un hombre que sabia era el brazo derecho de Pedro, es decir, del apóstol que en los asuntos generales tendria mayor autoridad.

Esta empresa no fué más que una série de grandes misiones que debian partir de Antioquía, teniendo por programa la conversion del mundo entero. Como todas las grandes resoluciones que se tomaban en la Iglesia, fué tambien atribuida aquella al Espíritu Santo. Se creyó ser obra de un llamamiento especial, de una eleccion sobrenatural, que se supuso haber sido comunicada á la Iglesia de Antioquía mientras ayunaba y oraba. Tal vez alguno de los profetas de la Iglesia, Menahem ó Lucio, en uno de sus accesos de glosolalia pronunció algunas palabras de las cuales pudo deducirse que Pablo y Bernabé estaban predestinados á esta mision[825]. En cuanto á Pablo, estaba convencido que Dios le habia elegido desde el vientre de su madre para la obra á la cual iba á consagrarse enteramente[826].

Los dos apóstoles se agregaron á título de subordinado para secundarles en la parte material de su empresa, al Juan Márcos que Bernabé habia llevado consigo á Jerusalem[827]. Cuando terminaron los preparativos, hubo ayunos y oraciones, y se impusieron las manos á los dos apóstoles para indicar que la mision era conferida por la misma Iglesia[828]; se les recomendó á la gracia de Dios y partieron[829]. ¿Por qué lado se dirigieron? ¿Qué mundo iban á evangelizar? Esto es lo que importa saber.

Todas las grandes misiones cristianas primitivas, se dirigieron hácia el oeste, ó en otros términos, tomaron por teatro ó cuadro el imperio Romano. Si se exceptúa alguna pequeña parte del territorio de los Arsácidas, comprendido entre el Éufrates y el Tigris, el imperio de los Partos no tuvo durante el primer siglo misiones cristianas[830]. El Tigris fué por el Oriente una barrera que el cristianismo solo traspasó en las Sasanidas. Dos grandes causas, el Mediterráneo y el imperio Romano, determinaron este hecho capital.

El Mediterráneo era hacia mil años el gran camino por donde habian cruzado todas las civilizaciones y todas las ideas. Los romanos habian ahuyentado de él la piratería, convirtiéndole en una magnífica via de comunicacion. Una numerosa marina de cabotaje hacia más fáciles los viajes por la costa de este gran lago. La seguridad relativa que ofrecian los caminos del imperio, las garantías que se encontraban en los poderes públicos, la difusion de los judíos sobre todo el litoral del Mediterráneo, el uso de la lengua griega en toda la parte oriental de este mar[831], la unidad de civilizacion que los griegos tenian con los romanos, hicieron del mapa del imperio el mapa mismo de los países reservados á las misiones cristianas y destinados á ser cristianos. El orbis romano llegó á ser el orbis cristiano, y en este sentido puede afirmarse que los fundadores del imperio fueron tambien los fundadores de la monarquía cristiana, ó al menos diseñaron sus contornos. Toda provincia conquistada por el imperio romano, era una provincia conquistada al cristianismo. Cuando uno se figura á los apóstoles ante una Asia Menor, una Grecia, una Italia dividida en cien pequeñas repúblicas, una Galia, una España, un África ó un Egipto denominadas por antiguas instituciones nacionales, no se puede esperar un buen éxito y mucho menos que haya podido nacer el proyecto. La union del imperio era la condicion prévia de todo proselitismo religioso, haciéndose superior de las nacionalidades. El imperio lo comprendió en el siglo XIV y se hizo cristiano: vió que el cristianismo era la religion que él habia creado sin saberlo, la religion limitada por sus fronteras, identificada con él, capaz de procurarle una segunda vida. La Iglesia por su parte se hizo romana y se ha conservado hasta nuestros dias como un recuerdo del imperio. Decid á Pablo que Claudio será su primer auxiliar; decid á Claudio que aquel judío que parte de Antioquía va á fundar la parte más sólida del edificio imperial, y asombrareis al uno y al otro, y sin embargo, esto fué una verdad.

De todos los países extraños á la Judea, el primero donde se estableció el cristianismo fué naturalmente en Syria. Los naturales de Palestina y el gran número de judíos establecidos en aquella comarca[832], hacian inevitable este hecho. Chipre, el Asia Menor, la Macedonia, la Grecia y la Italia, fueron visitadas por los hombres apostólicos con algunos años de intervalo. El Mediodía de la Galia, la España, y la costa de África, aunque se evangelizaron bien pronto, fueron los últimos puntos que invadió el cristianismo.

Lo propio sucedió en Egipto. El Egipto no figura apenas en la historia apostólica; parece que los misioneros apostólicos le vuelven sistemáticamente la espalda. Este país, que á partir del siglo III, se convierte en teatro de los acontecimientos más importantes de la historia de la religion, fué entonces un atraso para el cristianismo. Apolo es el único doctor cristiano salido de la escuela de la Alejandría, y aun éste aprendió el cristianismo en sus viajes[833]. Es necesario atribuir la causa de este notable fenómeno á las pocas relaciones que existian entre los judíos de Egipto y los de Palestina, y sobre todo al hecho de que el Egipto judío tuvo bajo cierto aspecto su especial desarrollo religioso. El Egipto tenia á Philon y los terapeutas, este era su cristianismo[834], el cual le dispensaba de escuchar al otro con atencion. En cuanto al Egipto pagano, poseia instituciones religiosas más sólidas que las del paganismo greco-romano[835]; la religion egipciaca estaba todavía en toda su fuerza y cercano el momento en que iban á bautizarse los enormes templos de Esneh, y de Ombos, en los cuales la esperanza de tener en el pequeño Cesarion un último rey Ptolomeo, ó un Mesías nacional, hacia salir como de la tierra los santuarios de Dendera, y de Hermontis, comparables á las más bellas obras faraónicas. El cristianismo se establecia por todas partes sobre las ruinas del sentimiento nacional y de los cultos locales. La degradacion de las almas era rara en Egipto, y hacia raras las aspiraciones que abrieron al cristianismo tan fáciles caminos.