Por todas partes, en efecto, manifestábase enérgicamente la necesidad de una religion monoteista, dando por base á la moral prescripciones divinas, y así viene una época en que las religiones naturalistas reducidas á puras niñadas, á prácticas de hechiceras, no pueden satisfacer á sociedades en que la humanidad quiere una religion moral filosófica. El budismo y el zoroastrismo, satisfacieron esta necesidad en la India y en la Persia; con el orfismo y los misterios, se trató de obtener el mismo resultado en el mundo griego, sin conseguirlo de una manera durable, y en la época de que hablamos, enunciábase el problema para el conjunto del mundo con una especie de unanimidad solemne y de imperiosa grandeza.
Cierto es que la Grecia hacia una excepcion en este punto: el helenismo se usaba mucho menos que las demás religiones del Imperio, pero Plutarco lo observaba en su pequeña villa de Beocia, donde vivió tranquilo, feliz y contento como un niño, con su conciencia religiosa satisfecha, y sin dar nunca la menor señal de inquietud, de pena ó de malestar. Pero solo el espíritu era capaz de una calma tan infantil: siempre satisfecha de sí misma, orgullosa de su pasado y de aquella brillante mitología de la que poseia todos los santos lugares, Grecia no participaba de los tormentos interiores que trabajaban al resto del mundo, y entregada á sí misma, no llamó al cristianismo, quiso prescindir de él y pensó hacer alguna cosa mejor[977]. Esto era debido á su eterna juventud, á su patriotismo, á esa alegría que ha caracterizado siempre al verdadero heleno, y la cual es causa de que aún hoy sea el griego extraño á las amargas tribulaciones que nos minan. El helenismo, pues, se halló así en disposicion de crear un renacimiento que no hubiera podido intentar siquiera ningun otro de los cultos del imperio. En los siglos II, III y IV de nuestra era, se continuará el helenismo en religion organizada, por una especie de fusion entre la mitología y la filosofía griegas, y con sus filósofos taumaturgos, sus antiguos sabios convertidos en profetas, y sus leyendas de Pitágoras y de Apolonio, hará al cristianismo una competencia, que no por ser impotente fué el obstáculo menos peligroso que la religion de Jesús encontró en su camino.
Sin embargo, esto no se intentó aún en tiempo de los Césares, pues los primeros filósofos que ensayaron una especie de alianza entre la filosofía y el paganismo, Eufrates de Tiro, Apolonio de Tiana y Plutarco, son del fin del siglo. No conocemos bien á Eufrates de Tiro: la leyenda ha disfrazado de tal modo la trama de la biografía verdadera de Apolonio, que no se sabe si contarle entre los sabios, entre los fundadores religiosos, ó entre los charlatanes; en cuanto á Plutarco, menos que un pensador, ó un innovador, es un espíritu moderado que quiere poner de acuerdo á todo el mundo, haciendo que la filosofía sea tímida y la religion medio razonable; no hay nada en él de Porfirio ni de Juliano; los ensayos de exégesis alegórica de los estoicos[978] son muy pobres; los misterios como los de Baco, con los cuales se enseñaba la inmortalidad del alma bajo graciosos símbolos[979], se limitan á ciertos países y no han extendido su influencia. La incredulidad en la religion oficial era general en la clase ilustrada[980]; los hombres políticos que más afectaban sostener el culto del Estado se burlaban de él con muy buenas palabras[981], proclamando abiertamente la inmoral idea de que las fábulas religiosas no son buenas sino para el pueblo y deben ser conservadas por él[982]; precaucion inútil porque la fé de aquel era ya muy vacilante[983].
Cierto es que á partir del advenimiento de Tiberio, se nota una sensible reaccion religiosa, pues parece que el mundo se espanta de la incredulidad de los tiempos de César y de Augusto; condena la desgraciada tentativa de Juliano, y todas las supersticiones se rehabilitan por razon de Estado[984]. Valerio Máximo da el primer caso de un escritor de baja esfera convirtiéndose en auxiliar de los teólogos, en una pluma venal ó manchada que se pone al servicio de la religion: pero los cultos extranjeros son los que más se aprovechan de este cambio; la reaccion formal en favor del culto griego ó romano no se producirá sino en el siglo segundo. Ahora las clases á quienes domina la inquietud religiosa se vuelven hácia los cultos que vienen de Oriente[985]; Isis y Serapis se ven más favorecidos que nunca[986]; los impostores de toda especie, taumaturgos y mágicos se aprovechan de esta necesidad, y como sucede comunmente en las épocas y en los países, en que la religion del Estado es débil, pululan por todas partes[987]. Recuérdense los tipos reales ó ficticios de Apolonio de Tiana, de Alejandro de Abonutico, de Peregrino, de Simon de Gitton[988]. Estos mismos errores y estas quimeras eran como una oracion de la tierra, como los ensayos infructuosos de un mundo que trata de mejorarse y no consigue á veces en sus esfuerzos convulsivos sino producir monstruosas creaciones que se legan luego al olvido.
En una palabra, la mitad del siglo primero es una de las peores épocas de la Historia antigua; la sociedad griega y romana se muestra en un período de decadencia en lo que precede y muy atrasada para el porvenir; pero la grandeza misma de la crísis indicaba alguna forma extraña y secreta. La vida parecia haber perdido sus móviles, los suicidios se multiplicaban[989]; jamás habia ofrecido el mundo una lucha semejante entre el bien y el mal; era este un despotismo temible que ponia al mundo entre las manos de hombres atroces y locos; era la corrupcion de las costumbres que resultaba de haber introducido en Roma los vicios de Oriente; era en fin la ausencia de una religion buena y de una formal instruccion pública. El bien era, por una parte, la filosofía combatiendo á pecho descubierto contra los tiranos, desafiando á los mónstruos, y proscrita tres ó cuatro veces en medio siglo (bajo Neron, Vespasiano y Domiciano)[990]; y por otra, los esfuerzos de la virtud popular, las legítimas aspiraciones á un estado religioso mejor, aquella tendencia hácia las cofradías y los cultos monoteistas, aquella rehabilitacion en fin del pobre, que se produjeron principalmente bajo el amparo del judaismo y del cristianismo. Estas dos grandes protestas estaban muy lejos de ponerse de acuerdo, pues el partido filosófico y el cristiano no se conocian, é ignoraban de tal modo sus comunes esfuerzos que al llegar al poder el partido filosófico, por el advenimiento de Nerva, perjudicó al cristianismo lejos de favorecerle. Á decir verdad, el objeto de los cristianos era mucho más radical: los estoicos, dueños del Imperio, le reformaron, presidiendo los cien años más hermosos de la Historia de la humanidad; mientras que los cristianos, dueños del Imperio á partir de Constantino, acabaron de arruinarle. El heroismo de los unos no debe hacer olvidar el de los otros: el cristianismo tan injusto con las virtudes paganas, se consagró á rebajar á los que habian combatido los mismos enemigos que él. En la resistencia que opuso la filosofía en el primer siglo, hubo tanta grandeza como en la del cristianismo; pero ¡qué desigual fué la recompensa por una parte y otra! El mártir que derribó con el pié los ídolos tiene su leyenda: ¿por qué Annacus Cornutus, que declaró ante Neron que los libros de éste no podrian nunca competir con los de Crisipo[991]; por qué Elvidio Prisco que dijo cara á cara á Vespasiano: «á tí te toca matarme y á mí morir[992]»; por qué Demetrio el Cínico que contestó á Neron irritado: «me amenazais con la muerte, pero la naturaleza os amenaza[993]»; por qué todos esos no tienen su imágen entre los héroes populares á quienes todos aman y saludan? ¿Dispone acaso la humanidad de tantas fuerzas contra el vicio y la abyeccion que sea permitido á cada escuela de virtud rechazar el auxilio de las otras, sosteniendo que ella sola tiene el derecho de ser valerosa y resignada?
CAPÍTULO XVIII.
Legislacion religiosa de aquel tiempo.
Año 45
En el primer siglo, aunque se mostraba hostil el Imperio á las innovaciones religiosas que provenian de Oriente, no las combatia todavía de un modo constante. Sosteníase débilmente el principio de la religion de Estado; y bajo la república se proscribieron repetidas veces los ritos extranjeros, particularmente los de Sabazius, Isis y Serapis[994]; pero todo fué inútil, porque el pueblo se sentia atraido hácia aquellos cultos por una inclinacion irresistible[995]. Cuando en el año de Roma 535, se decretó la demolicion del templo de Isis y de Serapis, no se encontró ni un solo obrero que quisiera poner manos á la obra, y vióse precisado el cónsul á romper á hachazos la puerta[996]; claro está que no bastaba ya para el pueblo el culto latino; y supónese, no sin razon, que si César restableció los cultos de Isis y de Serapis, fué para halagar los instintos populares[997].
Con la profunda y liberal instruccion que le caracterizaba, aquel grande hombre se mostró favorable á una completa libertad de conciencia[998]. Augusto fué más apegado á la religion nacional[999]. Era tal su antipatía por los cultos orientales[1000], que prohibió hasta la propagacion de las ceremonias egipcias en Italia[1001]; pero quiso que cada culto, y particularmente el judío, fuera dueño de sí mismo interiormente[1002]. Eximió á los judíos de todo lo que hubiera podido herir su conciencia, especialmente de toda accion civil el dia del sábado, que ellos celebran[1003]. Algunas personas de su séquito mostraban menos tolerancia, y de buena gana le hubieran convertido en un perseguidor religioso para servir al culto latino[1004]; empero, parece que no hubo de ceder á aquellos consejos funestos; y aún pretende Josefo, á quien se sospecha exagerado en este punto, que hizo donacion de vasos sagrados al templo de Jerusalem[1005].