Aquel mundo odioso no podia ménos de oprimir gravemente las almas sensibles y delicadas del Norte. El desprecio de los Hierosolimitanos hácia los Galileos hacia la separacion aún más inaccesible. En aquel magnífico templo, objeto de todos sus deseos, no encontraban sino afrenta. Un versículo del salmo de los peregrinos[533]: «He preferido quedarme á la puerta de la casa de mi Dios» parece hecho exprofesamente para ellos. Un sacerdote desdeñoso sonreia de su inocente devocion, casi como en otro tiempo en Italia el clero, familiarizado con los santuarios, presenciaba indiferente y burlon quizás, el fervor del peregrino que de léjos habia venido. Los Galileos hablaban un dialecto bastante corrompido: su pronunciacion viciosa, confundiendo las diversas aspiraciones, hacia que resaltasen quid pro quos que excitaban no poco la hilaridad[534].

En religion se los tenía por ignorantes y poco ortodoxos: la frase «simple Galileo» se habia hecho proverbial. Se creia (y no sin razon) que la sangre judáica estaba entre ellos muy mezclada, y se tenía por axioma que la Galilea no podia producir un profeta[535]. Llevados así al último extremo del judaismo, y casi fuera de él, los pobres Galileos no contaban con otra cosa para reanimar sus esperanzas, sino con un pasaje de Isaías bastante mal interpretado[536]:

«¡Tierra de Zabulon y tierra de Nefthalí, camino del mar, Galilea de los gentiles! El pueblo que marchaba en la oscuridad ha visto una gran luz; el sol se ha levantado para los que se hallaban sumidos en las tinieblas.»

La reputacion que gozaba la ciudad natalicia de Jesús era particularmente detestable. Hubo un proverbio popular que decia: «¿Acaso de Nazareth puede salir cosa buena?»[537].

La completa aridez de la naturaleza en los alrededores de Jerusalen debia acabar de disgustar á Jesús. Sus valles no tienen agua; el suelo es árido y pedregoso. Cuando se clava la vista en la depresion del mar Muerto se experimenta algo de embriagador: fuera de ese lugar, todo es monótono. Sólo la colina de Mizpa, con sus recuerdos de la más antigua historia de Israel, atrae las miradas. La ciudad presentaba en tiempo de Jesús casi el mismo aspecto que hoy dia. No poseia ni el más pequeño monumento antiguo, porque hasta los Asmoneos, los judíos permanecieron extraños á todas las artes: Juan Hircano comenzó á embellecerla, y Heródes el Grande hizo de ella una de las más suntuosas ciudades de Oriente. Las construcciones herodianas rivalizaban con las mejores de la antigüedad por su carácter grandioso, lo perfecto de la ejecucion y la belleza de los materiales. Un crecido número de sepulcros, de un gusto original, se elevaba hácia el mismo tiempo en los alrededores de Jerusalen[538]. El estilo de aquellos monumentos era el griego, pero amoldado al uso de los judíos y notablemente modificado segun sus principios. Los ornamentos de escultura viva, que los Heródes se permitieron, con gran disgusto de los rigoristas, fueron desterrados, reemplazándolos por una decoracion vegetal. El gusto de los antiguos moradores de la Fenicia y de la Palestina por los monumentos monolitos tallados en piedra viva parecia renacer en aquellos singulares sepulcros abiertos en las rocas y en los que los órdenes griegos están caprichosamente aplicados á una arquitectura de trogloditas. Jesús, que consideraba las obras de arte como una pompa fútil de la vanidad, vió todos aquellos monumentos con disgusto[539]. Su absurdo espiritualismo y su opinion inmutable de que la figura del viejo mundo debia desaparecer, le quitaron el gusto para todo lo que no tocaba al corazon.

El templo, en la época de Jesús, era todo nuevo, y sus obras exteriores aún no se habian concluido. Heródes habia hecho que su reconstruccion empezase el año 20 ó 21 ántes de la era cristiana, para ponerle al nivel de sus otros edificios. La nave del templo se acabó en diez y ocho meses, y los pórticos en ocho años[540]; pero las partes accesorias continuaron poco á poco, no terminándose sino poco tiempo ántes de la toma de Jerusalen[541]. Jesús vió trabajar probablemente en él, no sin cierto disgusto interior. Aquellas esperanzas de un porvenir durable eran una especie de insulto á su próximo advenimiento. Más perspicaz que los incrédulos y fanáticos, comprendia que aquellas magníficas construcciones estaban llamadas á gozar una corta duracion[542].

Por lo demás, el templo formaba un conjunto maravillosamente conmovedor, y cuyo haram actual[543], á pesar de su belleza, puede apénas dar una idea. Las galerías y pórticos que le cercaban servian ordinariamente de punto de reunion á una muchedumbre considerable, y aquel vasto sitio era á la vez el templo, el foro, el tribunal y la universidad. Todas las discusiones religiosas de las escuelas judías, todas las enseñanzas canónicas, hasta las mismas causas civiles y criminales, en una palabra, toda la actividad de la nacion se concentraba allí[544]. Aquél era un choque contínuo de argumentos, un palenque de disputas, oyéndose por todas partes sofismas y cuestiones sutiles. El templo tenía, pues, mucha semejanza con una mezquita musulmana. Llenos de miramiento en aquella época hácia las religiones extranjeras, cuando éstas permanecian en su propio territorio[545], los romanos se prohibian la entrada en el santuario; inscripciones griegas y latinas marcaban el punto hasta dónde era permitido llegar á los no judíos[546]. Pero la torre Antonia, cuartel general de la fuerza romana, dominaba todo el recinto, permitiendo observar lo que pasaba allí[547].

El cuidado material del templo estaba á cargo de los judíos; un capitan del templo tenía su mayordomía, haciendo abrir y cerrar las puertas é impidiendo que se atravesara su circuito llevando baston en la mano, con el calzado sucio ó con paquetes, ó pasar por él para acortar el camino[548]. Se vigilaba sobre todo escrupulosamente para que nadie entrase en los pórticos interiores en estado de impureza legal. Las mujeres tenian una tribuna completamente separada.

Allí fué donde Jesús pasaba sus dias durante el tiempo que permanecia en Jerusalen. La época de las fiestas hacia concurrir á aquella ciudad un inmenso gentío. Reunidos en una misma habitacion diez ó veinte personas, los peregrinos lo invadian todo, viviendo en ese hacinamiento desordenado, que tanto agrada en Oriente[549]. Jesús se confundia entre la muchedumbre, y sus pobres galileos agrupados en su derredor hacian poco efecto. Presentia, sin duda, que aquél era un mundo hostil para él, que no lo acogeria sino con desprecio. Todo lo que veia le disgustaba. El templo, como en general todos los parajes de devocion demasiado frecuentados, ofrecia un aspecto poco edificante. El servicio del culto llevaba consigo un número de detalles, sobre todo operaciones mercantiles, á consecuencia de las cuales se establecieron verdaderas tiendas en el sagrado circuito. Allí se vendian reses para los sacrificios, y se encontraban mesas para facilitar el cambio de la moneda: á veces se hubiera tomado aquello por un bazar. Los ínfimos empleados del templo llenaban sin duda su mision con la vulgaridad irreligiosa de los sacristanes de todas las edades. Aquel aire profano é indiferente en el manejo de las cosas santas heria el sentimiento religioso de Jesús, llevado, á veces, hasta el escrúpulo[550]. Decia que de la casa del Señor habian hecho una cueva de ladrones. Un dia, cuentan que se dejó llevar de la cólera, y que dió de latigazos á aquellos mercaderes innobles, tirando por tierra sus mesas[551]. En general, gustaba poco del templo: el culto que concibió por su Padre, nada tenía que ver con las sangrientas escenas de los sacrificios. Todas aquellas rancias instituciones judías le disgustaban, y sufria al verse obligado á consentirlas. Así pues, el templo y su local no inspiraron sentimientos piadosos, en el seno del cristianismo, sino á los cristianos judaizantes. Los verdaderos hombres nuevos sintieron aversion por aquel antiguo lugar sagrado. Constantino y los primeros emperadores cristianos dejaron subsistir donde estaban las construcciones paganas de Adriano[552]. Sólo fueron los enemigos del cristianismo, como Juliano, los que pensaron en aquel paraje[553]. Cuando Omar entró en Jerusalen, el lugar del templo fué profanado de intento en ódio á los judíos[554].

El Islam, es decir, una especie de resurreccion del judaismo, en toda su forma exclusivamente semítica, fué el que le devolvió sus honores. Aquel lugar fué siempre anti-cristiano.