Cenar a solas con ella era un acontecimiento extraordinario en quien siempre la dejaba antes de media noche. ¿Qué quería decir aquello? La tía creía encontrarlo muy claro; pero Judit se negaba a comprenderlo.

Cuando dieron las once de la noche, encontrábase ya dispuesta la cena más exquisita y delicada, preparada por los cuidados de la señora Bonnivet. En cuanto a Judit, nada escuchaba ni veía; limitábase a esperar.

¡Esperar! ¡Todas las facultades de su alma se concentraban o resumían en esta idea!...

Pero dieron las once y media, luego las doce, y Arturo no parecía.

Por último, transcurrió toda la noche sin que él llegara; pero ella seguía esperando.

Tampoco se presentó el Conde al otro día... ni en los siguientes.

Judit no recibió ninguna carta; no volvió a verle.

¿Qué significaba aquello? ¿Qué había sucedido?

En aquel instante, interrumpiose el notario, diciendo:

—Señores, vuelve a levantarse el telón; continuaré mi relato en el entreacto próximo.