—Prefiero esto, porque no sobreviviría a semejante golpe. Desde mi partida, desde hace tres meses, ha abandonado la Opera y nadie tiene noticias de ella.
—¿Qué le han dicho sus compañeras?
—¡Barbaridades! Unas pretenden que ha sido robada... otra me aseguraba con la mayor tranquilidad que ella le había manifestado intención de suicidarse.
—¡No sería extraño! Desde la revolución de julio, el suicidio se ha puesto de moda.
—¡No hable usted así... perdería la razón! He corrido a su casa de la calle de Provenza; pero se marchó de allí sin decir a dónde iba.
—¿No ha encontrado algún indicio que pueda servirle para seguir su pista?
—El piso está desalquilado: nadie lo ha habitado después de ella.
—¿Y no ha encontrado usted nada?
—Sólo encontré, en el cuarto de su tía, esto papel que estaba en el suelo, y que es una etiqueta de equipaje en la que hay escrito:
A la señora Bonnivet, en Burdeos.