—»¡Nunca!

—»Yo sabré contenerte.

—»¡Te desafío a que lo hagas!

—»¡Pues bien! Por salvar al menos a uno de vosotros, voy a decírselo todo a Juanita...

»Y observé que Teobaldo se acercaba a la puerta.

»Carlos dio un grito.

—»Te obedezco... marcho... dejo la Inglaterra. Déjame siquiera una hora a su lado.

—»¡Una hora! Sea—contestó Teobaldo.

—»Yo iré a buscarte—dijo Carlos.

—»No, voy a hacer que dispongan el coche, y vendré yo mismo por ti... Esto es más seguro.