—¿Dónde estoy, pues?—dijo levantándose—; ¿ha sido una pesadilla, una espantosa pesadilla? Pero no... mi puñal... esta capa... Es demasiado cierto... ¡al infierno! ¡maldita vieja! yo sabré...

La vieja y el idiota habían desaparecido.

—Kernok, Kernok, abre ya—repitió la dulce voz.

—¡Ella—exclamó—, ella aquí!

Y se precipitó hacia la puerta.

—¡Ven—dijo—, ven!

Y saliendo de la cabaña, con la cabeza desnuda, la arrastró rápidamente, y a través de las rocas que bordean la costa, alcanzaron bien pronto el camino de Saint-Pol.

IV

EL BRICK «EL GAVILÁN»

¡Adelante, famoso bricbarca!
Desde el codaste hasta la gavia
No hay otro en el arsenal
Que con él se pueda igualar;
Viento en popa y adelante.
Canción del marinero.