—Ahora—dijo Kernok—, un buen emplasto de pólvora de cañón y de vinagre sobre esos rasguños, y mañana no tendrá nada.

Después, dirigiéndose al timonel:

—Corre una buena bordada al SO.; si se ve una vela, avísame.

Y descendió a su cámara para reunirse con Melia.

VII

CARLOS Y ANITA

...Ese tumulto espantoso, esa fiebre
devoradora... es el amor...
O. P.

Aver la morte innanzi gli occhi per me.
Petrarca.

La dulce influencia de los climas meridionales aun se hacía sentir, porque el buque San Pablo se encontraba a la altura del estrecho de Gibraltar. Empujado por una débil brisa, con todas sus velas extendidas, desde el contrajuanete hasta los foques de estay, venía del Perú y se dirigía a Lisboa con pabellón inglés, ignorando la ruptura de Francia y de Inglaterra.

El departamento del capitán lo ocupaban don Carlos Toscano y su esposa, ricos negociantes de Lima, que habían fletado el San Pablo en el Callao.