Las coincidencias, que no cesan, denotan por su número y carácter que Sir Herbert conocía la obra de Hostos. Sin embargo, no lo cita. Nombra á varios comentaristas; á Hostos no, á Hostos lo calla. Hostos es un pobre señor de Puerto Rico. ¿Quién va á conocerlo? ¿Quién va á creer que un gran artista inglés se inspire, para escribir sus obras, en un maestro de escuela portorriqueño?
En su análisis del príncipe, enseña Hostos:
«Hamlet es un momento del espíritu humano y todo hombre es Hamlet en un momento de su vida.»
Ya, en su disección de Ofelia, había dicho: «Hay un Hamlet en el fondo de todo corazón humano.»
El inglés opina de un modo semejante, treinta años después:
«Hamlet es eternamente humano... Nosotros somos todos Hamlets en potencia.»
Hostos opina que la locura de Hamlet es simulada; Sir Herbert piensa otro tanto.
Hostos describe, con una profundidad psicológica de que hay pocos ejemplos en la historia literaria universal, las distintas y sucesivas revoluciones que se han ido operando en el espíritu del príncipe.
| «El mismo Hamlet se asombra (á un momento dado) del cambio que ha correspondido en su palabra al cambio operado en su interior, y decide utilizarlo fingiendo una locura... No está loco ni estará loco.» | Sir Herbert, por su parte, dice: «... encontramos á Hamlet poniendo por obra su proyecto de fingir la locura...» |
¿Para qué finge locura, según Hostos? Porque es débil, porque necesita armarse de una fuerza artificial, y esa fuerza va á tenerla en rudezas, en sarcasmos, en desdenes; “en el desprecio con que, desde su nuevo punto de vista, va á considerar la vida, la sociedad, el hombre...” “Hará el mal que no quiere y se COMPLACERÁ tanto más en ese mal CUANTO MÁS SUFRA...”