“Á la vista de los cortesanos espías, Hamlet retorna á sus sátiras tremendas... Despide á los falsos amigos y queda consigo solo... perfectamente sano, reconoce la necesidad de la acción.”
Hostos opina del monólogo: “el monólogo más profundo que ha pronunciado jamás el labio humano.”
El señor Tree escribe, respecto de la célebre escena del acto III: “cuadro el más terrible que el espíritu del hombre haya jamás evocado.”
Hostos dice que Hamlet “pierde el tiempo de la acción en meditarla”. Y el señor Tree: “malgasta en sátiras el tiempo que pudiera emplear en matar al rey”.
Lo expuesto basta. Con semejantes premisas, la conclusión se impone por sí misma. El lector, si es lógico y de buena fe, llegará por su parte á la propia conclusión que el autor de las presentes anotaciones.
VI
Á PROPÓSITO DE HOSTOS, LITERATO, EL TUPÉ DE LOS EUROPEOS
Si á los ingleses les dijeran de sopetón que un artista británico, de nota y campanillas, se había inspirado, para escribir sobre Hamlet, en un autor de Puerto Rico, los ingleses, desdeñosos é incrédulos, romperían la habitual gravedad de su rostro con una sonrisa.
Si á los franceses se les dijera que sus filólogos de más nombradía han descubierto orígenes de errores y fijado el sentido y texto reales en literaturas de la Edad Media, granjeando por ello fama, casi medio siglo después de haber descubierto aquellas máculas y fijado aquellos textos un venezolano, los franceses, desdeñosos y sarcásticos, romperían en burlas agresivas.
Si á los españoles se dijera que uno de sus más bellos poemas modernos había sido inspirado en la novela de un colombiano, los españoles, desdeñosos y bravos, romperían en refunfuños.
Tal es el cómodo é invencible menosprecio con que miran los europeos, sin exclusión de país alguno, cuanto no es europeo. En vano el Japón saca á relucir contra Rusia elocuentes é inesperados argumentos de superioridad en Mukden y Tushima; en vano hablan Boyacá, Maipo, Carabobo, Pichincha y Ayacucho; en vano austriacos y franceses recogen, pálida y cercenada, la cabeza de aquel emperador que quisieron imponer á Méjico; en vano la bandera de los Estados Unidos flota en el Pacífico y el Atlántico sobre antiguas posesiones europeas; en vano Buenos Aires cuenta entre las más bellas y populosas ciudades del mundo; en vano Río de Janeiro es cuna de la aviación moderna; en vano Australia surge de los mares como un milagro del esfuerzo humano... En vano todo. Europa no se pliega, ni desarma, ni desmonta sus desdenes. No se allana á reconocer ningún género de superioridad en hombres ni pueblos no europeos. Fuera de Europa no existe nada digno de mención.