Á su turno el artista inglés comenta el estado mental de Hamlet, durante el monólogo. Oigámoslo:

«Hamlet anhela ese sueño de la muerte, que será término de todos los males. Tan grande es su horror del deber impuesto, que en este momento Hamlet PIENSA EN MORIR, para no matar al rey

Las irresoluciones constantes de Hamlet dependen de que es un enfermo de la voluntad, un razonador, un analista.

«Todos menos él—expone Hostos—son activos para el bien ó para el mal y hacen el bien ó el mal porque no reflexionan lo que hacen. «Mientras que él, juguete de sí mismo, pierde el tiempo de la acción en meditarla... pasan, triunfadores de la actividad, contentos de sí mismos, como todos los que triunfan, los hombres que para conseguir lo que desean no necesitan más que abandonarse á su deseo.»
De este número son Laertes, Claudio y, al fin del drama, «Fortimbras, un príncipe adolescente, una ambición naciente. Fortimbras se dirige con su ejército á Polonia, sacrificando sin vacilación y sin tristezas miles de hombres á su intento.»
Sir Herbert reconoce también qué rasgo principal de Hamlet es la irresolución, por exceso de reflexión, la falta de voluntad por sobra de razonamiento. Sus generalizaciones filosóficas á este respecto son demasiado parecidas á las de Hostos.
«El hombre que va á triunfar en la vida—opina sir Herbert—es el que no ve sino un lado de las cosas. El hombre cuyo horizonte mental es vasto, que es capaz de ver lo bueno y lo malo de todo... no alcanzará su meta tan pronto como aquel que mira recto ante sí y se abandona á su deseo». «Fortimbras no ve sino un solo lado de las cosas y sabe con precisión lo que quiere.»

Continuar pescando similitudes sería cuestión de nunca acabar. Las hay, como antes se dijo, y como se observa por los ejemplos anotados á la ventura, de concepto, en cuanto al genio de Shakespeare y al carácter del príncipe, y las hay de expresión, hasta donde es posible en lenguas tan desemejantes. Aunque sir Herbert tal vez no ha leído el estudio crítico de Hostos en castellano, sino en alemán, lengua en que fué traducido. Y me baso para suponerlo en que el notable artista inglés conoce la lengua alemana, como se advierte leyéndolo, y porque cita en su estudio los mejores ensayos tudescos sobre Hamlet: el de Goethe, el de Lessing, el de Hazzlitt, el de Klein.

La circunstancia de no citar el de Hostos depone, por razones de epidérmica psicología que los juristas conocen á maravilla, contra el eminente artista inglés, autor de Thoughts and Afterthoughts, sir Herbert Beerbohm Tree.

Pero si aún quedasen dudas á alguien, añadiré tres ó cuatro detalles que no admiten réplica.

Después de la escena de la comedia en Palacio, representación que termina, en la realidad de Shakespeare, con la fuga del rey, vendido por su horror, y la carcajada de Hamlet, que es alborear de su resolución, preséntanse los cortesanos Rosencrantz y Guilderstern, espías del rey. Hamlet derrama sobre ellos sarcasmos y sarcasmos. Los espiones se parten.

Queda solo consigo mismo—observa Hostos—. Ni una duda, ni una vacilación. El que antes dudaba si tenía derecho de hacer mal; el que antes vacilaba, estremeciéndose ante la idea de la muerte, piensa ahora con fruición que bebería sangre caliente... Ya él está seguro de su resolución y tiene calma para esperar...”

El escritor inglés dice: