EL MENSAJERO

¿Qué hacemos, pues? ¿Lo traemos aquí? ¿Cuáles son tus órdenes acerca de ese desventurado? ¿Cómo te agradaremos? Piénsalo bien, y si quieres seguir mi consejo, no seas cruel con tu infortunado hijo.

TESEO

Traedme para que vean mis ojos al que negó haber profanado mi lecho, y lo convenzan mis palabras, y la desgracia que le agobia, obra de los dioses.

EL CORO[142]

Tú, Afrodita, doblegas el ánimo inflexible de los hombres y de los dioses con ayuda de tu hijo, revestido de variado plumaje, que los cobija bajo sus alas velocísimas. Vuela por toda la tierra y por el salado mar, que profundamente resuena. Cupido ablanda los corazones y los asalta con su antorcha, resplandeciente como el oro, que inspira el furor, y a las fieras que viven en los montes, y a los peces del mar, y a cuanto alimenta la tierra, que el sol purifica con sus rayos: todos los hombres están sujetos a su imperio, y Afrodita sola manda en todos a un tiempo como reina.

ARTEMISA (en un carro de nubes doradas).[143]

Óyeme, que tal es mi voluntad, noble hijo de Egeo; yo soy Artemisa, hija de Leto, ¡oh Teseo! ¿Por qué, mísero mortal, te deleitan estos males, y has dado injusta muerte a tu hijo, creyendo lo que no es cierto, seducido por las falsas palabras de tu esposa? Manifiesta es la desdicha que te pierde. ¿Cómo no te precipitas con rubor en los abismos de la tierra, o evitas este daño volando? Ya no podrán contarte entre los justos. Entérate, Teseo, de sus desdichas, que esto, aunque de nada te sirva, te llenará al menos de dolor. No tiene otro objeto mi venida que probar la piedad de tu hijo, y su gloria al morir, y el furor de tu esposa, y hasta cierto punto su nobleza. Estimulada por la diosa más aborrecida de los que rendimos grato culto a la virginidad, se enamoró de Hipólito, intentó vencer su pasión, y murió inesperadamente por la imprudencia de su nodriza, que la descubrió a tu hijo mediante juramento. Él, como era honrado, no accedió a sus deseos ni fue impío, a pesar de tu enojo, violando después su juramento. Pero Fedra, temiendo que supieras su delito, escribió una carta falsa y te persuadió lo que quiso, y perdió con engaño a tu hijo.

TESEO

¡Ay, ay de mí!