Cerca de Adrasto,[177] junto al sepulcro de las siete vírgenes, hijas de Níobe.[178] ¿Lo ves?

ANTÍGONA

No claramente; pero me parece que columbro su figura y como la traza de su pecho. Ojalá que, cual ligera nube, pudiese atravesar el aire con mis pies y llegar hasta mi hermano; con mis brazos, después de tanto tiempo, rodearía el muy amado cuello de este mísero desterrado. ¡Cómo se distingue de los demás por sus armas doradas, ¡oh anciano!, brillando como los matutinos rayos del sol!

EL PEDAGOGO

Vendrá a este palacio a llenarte de gozo, que ya ha recibido permiso para hacerlo.

ANTÍGONA

¿Quién es, ¡oh anciano!, ese que, sentado, rige un reluciente carro?

EL PEDAGOGO

Ese, ¡oh señora!, es el adivino Anfiarao,[179] y con él van víctimas que serán ofrecidas a la tierra, ávida de sangre.

ANTÍGONA