Estrofa. — Cuando vino a esta región el tirio Cadmo, una ternerilla[199] postró en tierra su indómito cuello, confirmando el oráculo, y ordenó la profecía que cultivasen estos campos y trajesen trigo de la Aonia,[200] y aquí mismo la fuente Dircea, de cristalina corriente, riega los prados floridos y los profundos sulcos. Aquí, de su himeneo con Zeus, parió Sémele a Dioniso,[201] y la flexible yedra que lo rodeaba lo protegió mientras fue niño con sus verdes hojas, y dio origen a los cantos de los báquicos coros de las vírgenes tebanas y de las bacantes.
Antístrofa. — Aquí estaba el sanguinolento dragón de Ares, cruel guardián que con el brillo de sus ojos, que todo lo veían, celaba las corrientes fructíferas y los valles resplandecientes de verdura; y cuando Cadmo vino a purificarse en sus aguas,[202] lo mató de una pedrada, hiriendo con su robusto brazo la sanguinosa cabeza del monstruo por consejo de Palas, hija sin madre de Zeus, y sembró sus dientes en los hondos sulcos de los campos, y se convirtieron en hombres armados hasta en los últimos límites del suelo, que volvieron a la tierra, de donde habían salido, matándose unos a otros, y la regaron con su sangre después que fueron expuestos a los abrasadores vientos y a la intemperie.
Epodo. — ¡Oh Épafo, hijo de Zeus y de Ío, nuestra abuela! Yo te invoco, yo te invoco en mi lenguaje bárbaro y mis bárbaras súplicas; ven, ven a esta tierra que poblaron tus descendientes, en donde habitaron las diosas Perséfone y Deméter y la reina de todas, la Tierra, que a todos alimenta; manda que las deidades que traen las antorchas socorran a esta región, pues todo es fácil a los dioses.
ETEOCLES (que vuelve y se dirige a su servidor).
Ve tú, y que te acompañe Creonte, hijo de Meneceo y hermano de Yocasta, y dile que quiero celebrar con él consejo para resolver lo que me interese y convenga a la salud del Estado antes de presentar la batalla. Pero ya no te molestes, que lo veo venir hacia mi palacio.
CREONTE
En muchas partes he estado buscándote, ¡oh rey Eteocles!, y siguiendo tus pasos he recorrido todas las puertas de los hijos de Cadmo y todas las guardias.
ETEOCLES
Y yo también deseaba verte, ¡oh Creonte! La reconciliación ha sido imposible, y de nada ha servido mi entrevista con Polinices.
CREONTE