YOCASTA

Pronto, pronto, hija mía; porque si llegamos a tiempo, antes que mis hijos comiencen el combate, podré vivir; si ya han muerto, moriré también con ellos.

EL CORO

Estrofa. — ¡Ay, ay, ay! Trémulo de horror, trémulo está mi pecho; mi compasión, mi compasión por esta desdichada madre me hace estremecer. ¿Cuál de sus dos hijos llenará al otro de sangre? ¡Ay de mis sufrimientos! ¡Oh Zeus! ¡Oh tierra! La muerte, atravesando sus escudos, separará de sus cuerpos dos cuellos fraternales, dos almas de hermanos. ¡Cuán desdichada, cuán desdichada soy! ¿A cuál de los dos lloraré cuando muera?

Antístrofa. — ¡Oh tierra, tierra! Dos fieras, dos almas sedientas de sangre decidirán con la lanza de su suerte; después, como enemigos, sí, como enemigos, regarán la tierra. ¡Desventurados, que nunca debieran pelear frente a frente! Prorrumpiendo en bárbaros clamores, y llorosa, gemiré como a los muertos agrada. Pronto se decidirá el duelo; este día verá su término. ¡Nefanda, nefanda muerte, obra de las Furias! Pero veo a Creonte, que se acerca triste a este palacio; enjugaré mis lágrimas.

CREONTE

¡Ay de mí! ¿Qué he de hacer? ¿Lloraré mi desgracia, o lloraré la de la ciudad, envuelta por todas partes en negra nube, como para ser sumergida en el Aqueronte?[228] Mi hijo ha muerto por la patria y ha conseguido inmortal renombre, pero debo deplorarlo; lo recogí en la gruta del dragón, muerto por su mano, y, desventurado, lo traje yo mismo y llené todo el palacio con mis clamores. Yo, anciano, vengo a buscar a mi hermana Yocasta, también anciana, para que lave y tribute los últimos deberes a mi hijo difunto, pues conviene que el que vive honre a los muertos y adore piadosamente al dios de los infiernos.

EL CORO

Tu hermana ha salido del palacio, ¡oh Creonte!, y con ella su hija Antígona.

CREONTE