ANTÍGONA

Mayor sería tu pena si vieses la cuadriga del sol y contemplares estos cuerpos exánimes al esplendor de sus rayos.

EDIPO

Los males de mis hijos a todos son manifiestos; pero ¿cómo ha muerto mi mísera esposa, ¡oh hija!?

ANTÍGONA

Derramando en presencia de todos lúgubres lágrimas, mostraba a sus hijos su pecho; sí, lo mostraba como dolorida suplicante. Encontrolos junto a la puerta Electra, en el prado en que crece el loto, peleando con sus lanzas en lucha fratricida como leones de una misma cueva, llenos de sangrientas heridas, y ofreciendo ya libaciones de su sangre helada al infernal Hades, aunque eran obra de Ares. Arrancó de los muertos la espada de bronce, y la introdujo en su cuerpo, y cayó con dolor al lado de sus hijos. Sea cual fuere el dios autor de las calamidades de nuestra familia, hoy, ¡oh padre!, se ha desencadenado como nunca.

EL CORO

Fuente de muchos males para el linaje de Edipo ha sido este día. ¡Ojalá que su vida sea más feliz en adelante!

CREONTE

Acábese el llanto, que ya es tiempo de acordarnos de los funerales. Oye, ¡oh Edipo!, estas palabras: tu hijo Eteocles me ha instituido heredero de su imperio, como dote de Hemón[238] cuando celebre sus nupcias con Antígona. Yo no consentiré que tú vivas en Tebas: claramente dijo Tiresias que nunca será afortunada esta ciudad mientras residas en ella. Vete, pues; y no te lo digo por escarnecerte, ni como enemigo, sino a causa de las furias que te atormentan, y temiendo los males que podrá sufrir este país.