EDIPO
¡Ay de mí! ¡Ay de mis males! Solo me es dado gemir así, clamar de esta manera. Di, ¡oh hija!: ¿cómo murieron? ¿Cómo estas tres almas abandonaron la luz?
ANTÍGONA
No para escarnecerte ni insultarte, sino con dolor mío lo digo: tu genio infausto, armado del acero y del fuego, y ávido de crueles combates, acometió también a tus hijos. ¡Ay de mí, oh padre!
EDIPO
¡Ay, ay de mí!
ANTÍGONA
¿Por qué gimes así?
EDIPO
¡Oh hijos!