HÉCUBA
Si vive, que lo dudo, siendo tanta mi desgracia.
POLÍXENA
Vive, y cerrará tus ojos al morir.
HÉCUBA
Matáronme mis males antes de haber llegado mi última hora.
POLÍXENA (arrancándose de los brazos de su madre).
Llévame, Odiseo; cubre con el peplo[44] mi cabeza, porque, antes de sacrificarme, desgarran mi corazón los gritos de mi madre, y yo el suyo con los míos. ¡Oh luz! ¡Siquiera puedo invocar tu nombre! Nada tuyo me pertenece, sino el espacio que media entre este lugar, y la cuchilla y el túmulo de Aquiles. (Se retira).
HÉCUBA
¡Ay de mí! Ya no puedo sostenerme, y desmaya mi fuerza. ¡Oh hija! ¡Abraza a tu madre, extiende tu mano, dámela! (Acuden sus esclavas y la sientan en el suelo). ¡No me dejes sin hijos! Yo muero, ¡oh amigas! (Con la vista fija en Políxena). ¡Oh, si yo viera a la lacedemonia Helena, hermana de los Dioscuros, la de los bellos ojos, que arruinó a Troya ignominiosamente!