ELECTRA
¿Por qué no va tu hija Hermíone?
HELENA
No está bien que las vírgenes se presenten al vulgo.
ELECTRA
Y seguramente le pagaría lo que le debe por haberla educado.
HELENA
Hablas bien, y haré lo que dices, ¡oh doncella!, enviando a mi hija; me parece sensato tu consejo. Sal, ¡oh hija Hermíone!, ven (Entra Hermíone) delante de este palacio, y toma estas libaciones y mis cabellos para los manes (Dale el vaso y parte de sus cabellos, que corta con cuidado), y acercándote al sepulcro de Clitemnestra, derrama miel mezclada con leche[254] y espuma de vino, y subiéndote en lo alto del túmulo di lo siguiente: «Tu hermana Helena te ofrece estas libaciones, temerosa de aproximarse a tu sepulcro por miedo al populacho argivo». Ruégale que me sea propicia, y a ti y a mi esposo, y a estos dos desdichados que un dios ha perdido, y prometo ofrecerle todos los fúnebres dones que yo debo a mi hermana. Ve, pues, ¡oh hija!; apresúrate, y hechas las libaciones al sepulcro, vuelve cuanto antes. (Retíranse Helena y Hermíone).
ELECTRA
¡Oh ingenio, qué mal tan grande eres a veces para los mortales, y qué saludable dote siendo bueno! ¿Habéis visto cómo ha cortado las puntas de sus cabellos para que no sufra detrimento su belleza? ¡Siempre la misma! Aborrézcante los dioses porque me perdiste, y a este y a toda la Grecia.