Salve, anciano, que tuviste a Zeus por compañero de tu lecho.
TINDÁREO (estréchanse las manos).
Salve, tú también, ¡oh Menelao, mi pariente! ¡Qué dañoso es ignorar lo futuro! Este dragón matricida,[269] a quien detesto, vibra delante del palacio sus pestíferos rayos. ¿Hablarás tú, ¡oh Menelao!, a este criminal?
MENELAO
¿Por qué no? Es hijo de un padre a quien yo amaba.
TINDÁREO
¿Y ha nacido de él tal como es?
MENELAO
Sin duda; y si está afligido, debe respetarse.
TINDÁREO