Estrofa. — Calamidades, horribles pérdidas había yo de llorar sin falta, desde el momento en que Alejandro cortó los abetos del Ida para navegar por el hinchado Ponto hacia el tálamo de Helena, hermosísima mortal que contempló asombrado el sol de cabellos de oro, inundándola con sus rayos.

Antístrofa. — Duros trabajos y un destino más cruel aún nos esperaban. Daño mortífero por nuestra propia locura, y calamidades causadas por nuestros enemigos han caído sobre la tierra que baña el Simois.[56] Fallada está la contienda que se suscitó en el Ida entre un pastor y tres hijas de dioses, terminando en guerra y muerte y ruina de mi patria.

Epodo. — Pero también gime y llora la joven lacedemonia en las orillas del Eurotas,[57] de deleitosa corriente, y la madre de tantos hijos muertos se arranca sus blancos cabellos, y lastima sus mejillas, y llena de sangre sus uñas.

LA ESCLAVA

¿En dónde está, oh mujeres, la muy desgraciada Hécuba, cuyos males superan a los de todos los mortales? Nadie podrá arrebatarle esta palma.

EL CORO

¿Qué buscas con esos clamores de mal agüero? ¿Dejaremos de oír alguna vez tus tristes anuncios?

LA ESCLAVA (entra la esclava, trayendo un cadáver,
que deposita en el teatro
).

Vengo a traer a Hécuba un nuevo dolor: cuando las desdichas nos agobian, no es fácil proferir palabras alegres.

EL CORO