EL CORO

Mira cómo se acerca tu hermano, condenado a muerte por los sufragios, y Pílades, el más fiel de los amigos, ayudándole como un hermano a sostenerse.

ELECTRA

¡Ay de mí! Yo gimo, ¡oh hermano!, viéndote ya delante del túmulo y de la pira que ha de enviarte al infierno. ¡Ay otra vez de mí!, que pierdo la razón al mirarte por última vez.

ORESTES

¿No te someterás en silencio a lo resuelto, absteniéndote de mujeriles lamentos?[293] Necesario es que sufras estos nuevos males, que tal es nuestra desgracia.

ELECTRA

¿Y cómo he de callar? ¿Tan grande ha de ser nuestra desdicha, que no veré más la luz?

ORESTES

No me mates tú también; basta a mi desventara que lo hagan los argivos; olvídate de nuestros infortunios presentes.