ORESTES
Bastante tengo con la muerte de mi madre; no te mataré: tú, como puedas, morirás por tu propia mano.
ELECTRA
Sea así: tu espada me servirá, pero quiero estrechar tu cuello entre mis brazos.
ORESTES
Goza de este vano placer, si placer es abrazar a los que caminan a la muerte.
ELECTRA
¡Oh, tú, hermano el más querido! ¡Oh rostro dulcísimo y muy amado!; si tus facciones son las de tu hermana, la misma es también tu alma.[294]
ORESTES
Tú me obligarás a deshacerme en lágrimas; abrazándote, quiero también corresponderte: ¿y por qué me he de ruborizar? ¡Oh pecho fraternal, oh dulces abrazos! Consolémonos así en nuestro infortunio, ya que somos el uno para el otro el hijo y la esposa o el esposo.