ELECTRA

¡Ay de mí! Que el mismo puñal, si es posible, nos dé la muerte, y que un mismo féretro, obra artística de cedro, nos encierre a ambos.

ORESTES

Sería para mí lo más grato; pero ya ves cómo nos abandonan los amigos, para juntarnos después en la tumba. Nada ha dicho en tu favor, nada ha hecho para que no mueras ese villano Menelao, traidor a mi padre; ni siquiera lo hemos visto; atento solo a no perder su cetro, tuvo miedo de salvar a sus amigos. ¿Qué hemos de hacer? Que sea gloriosa nuestra muerte y digna de los hijos de Agamenón. Y yo probaré mi nobleza a los ciudadanos atravesando mis entrañas con la espada; tú debes hacer lo mismo. Pílades, preside a nuestro suicidio, tributa a nuestros cadáveres los últimos deberes y entiérranos juntos, llevándonos al sepulcro de mi padre. Y adiós; como ves, ahora mismo voy a cumplir mi sentencia.

PÍLADES

Espera. Tengo que reconvenirte porque has creído que yo querría vivir sin ti.

ORESTES

¿Y por qué has de morir conmigo?

PÍLADES

¿Qué has dicho? ¿Cómo he de vivir sin verte?