ORESTES
No mataste a tu madre como yo.
PÍLADES
Pero sí la tuya, y debo morir como tú.
ORESTES
Vuelve a buscar a tu padre, y no mueras conmigo. Tú tienes patria, yo no la tengo ya; tu hogar paterno, puerto que te sonríe, ofreciéndote grandes riquezas. Verdad es que no has podido casarte con Electra, como te prometí, para estrechar más nuestra amistad, pero no te faltará otra que te haga padre de larga prole; ya no puede haber ese lazo entre los dos. Que la dicha te acompañe, ¡oh Pílades!, nombre grato entre todos mis iguales. A nosotros nos está vedada la felicidad, no a ti, porque muertos, se acabaron nuestros placeres.
PÍLADES
Muy distinto es tu parecer del mío. Que ni la fértil tierra acepte mi sangre, ni el éter mi alma[295] si por libertarme yo de la muerte te abandono y te vendo; no niego que yo también maté a tu madre y te aconsejé cuanto te ha acarreado estos males; debo, pues, morir contigo, y con esta al mismo tiempo. Como a mi esposa miro a la que prometí mi mano: ¿cómo podré vindicarme si vuelvo a Delfos al alcázar de los focenses? Yo, que fui vuestro amigo antes de ser vosotros desgraciados, ¿no lo seré ya porque eres infeliz? No es así por cierto; vuestros infortunios serán también los míos. Ya que hemos de morir, discurramos el medio de perder también a Menelao.
ORESTES
Que así suceda y moriré contento.