ELECTRA
Muerta Helena, si Menelao quiere ofenderte, o a este, o a mí (pues los tres somos uno solo, unidos por la amistad), amenázale con la muerte de Hermíone, desenvaina tu espada, suspéndela sobre el cuello de la virgen, y si Menelao por recobrar su hija no te mata, viendo ya a Helena en tierra, bañada en su sangre, devuélvela a su padre; pero si se deja llevar de la ira y de su rabia impotente y quiere matarte, hiere tú también el cuello de la virgen. Yo creo que aunque se enfurezca al principio, después se ablandará su ánimo: no es osado ni fuerte. Tal es mi áncora de salvación, y lo que tenía que decir.
ORESTES
¡Oh doncella de ánimo varonil, y hermosa entre las mujeres! ¡Cuánto más digna eras de vivir que de morir! ¿Perderás, ¡oh Pílades!, esta esposa, cuando si vives serás feliz con ella?
PÍLADES
Ojalá se realicen tus deseos, y vaya a la ciudad de los focenses, y celebre en ella suntuosas nupcias.
ORESTES
¿Cuándo vendrá Hermíone? Porque habrás acertado, si tenemos la dicha de apoderarnos de la hijuela de ese padre impío.
ELECTRA
Debe estar cerca de aquí, atendiendo al tiempo transcurrido desde que salió.