ORESTES
Muy bien: tú, hermana Electra, sal del palacio y recibe a la virgen, y observa si alguno se aproxima antes de ejecutar nuestro proyecto, ya sea amigo suyo, ya el hermano de nuestro padre, y avisa entonces, o llamando a la puerta, o dando una voz. Entremos nosotros, ¡oh Pílades!, y armemos con la espada nuestras diestras para el último combate, que tú eres el que me ayudas en mis trabajos. ¡Oh padre, que habitas en la morada de la negra noche!; tu hijo Orestes te invoca para que vengas y lo auxilies: desgraciado, sufro por tu causa injustamente, y a pesar de esto, me hace traición tu hermano, cuya esposa quiero matar: que nos socorras en este trance.
ELECTRA
Ven al fin, ¡oh padre!, si debajo de la tierra oyes a tus hijos, que te llaman y que mueren por tu causa.
PÍLADES
Oye también, ¡oh Agamenón!, pariente de mi padre,[297] mis súplicas, y salva a tus hijos.
ORESTES
Maté a mi madre...
PÍLADES
Y yo esgrimí la espada.