¿Y qué motivo más justo? Pero ven, acompáñanos en nuestras súplicas; prostérnate con tus amigos ante tu madre muy feliz, para que Menelao no presencie nuestro suplicio. Y ya que te educó la mía, compadécete de nosotros y consuélanos en nuestros males; ven y serás testigo de nuestras angustias; yo te precederé, porque en ti sola ciframos nuestra esperanza.

HERMÍONE (dirigiéndose con rapidez hacia la puerta).

Mira cómo me apresuro a entrar en el palacio. Os salvaré, pues, si está en mi mano.

ELECTRA (a los de dentro).

Vosotros, mis amigos, que dentro estáis armados, ¿no os apoderaréis de vuestra presa? (Orestes y Pílades aparecen a la puerta).

HERMÍONE

¡Ay de mí! ¿A quiénes veo?

ORESTES (apoderándose de ella).

Calla por tu bien; prenda de salvación eres para nosotros, no para ti.

ELECTRA (mientras se llevan a Hermíone).