Aseguradla, aseguradla, y acercando a su cuello la espada, estaos quietos hasta que sepa Menelao que, habiendo aquí hombres, no cobardes frigios, ha sufrido la pena que merecen los villanos. (Entra en el palacio).

EL CORO

Estrofa. — ¡Hola, hola, amigas!; haced ruido, clamad y gritad delante del palacio, para que no se aterren los argivos al saber el asesinato cometido y socorran a los tiranos antes de que yo vea muerta a Helena, yaciendo en tierra ensangrentada, o lo anuncie alguno de sus servidores, pues aunque algo ha llegado a mi noticia, no lo sé bien todo. Justa es la venganza que los dioses toman de Helena, que llenó de lágrimas a la Grecia a causa del funesto, del funesto pastor del Ida. Pero callaos, porque se oye ruido en los regios aposentos, y sale algún frigio, que nos contará lo ocurrido en ellos.

EL FRIGIO[300] (saliendo precipitadamente del palacio).

Con mi bárbaro calzado[301] me libré de la muerte con que me amenazaba la espada argiva, dejando los artesonados de cedro del tálamo nupcial, y los dóricos triglifos,[302] lejos, lejos, ¡oh tierra, oh tierra!, en mi bárbara fuga. ¡Ay de mí! ¿Cómo, ¡oh vosotras, que me dais hospitalidad!, cortaré volando el aire lúcido, o las ondas, que con su cabeza de toro revuelve el Océano,[303] que cerca a la tierra?

EL CORO

¿Qué sucede, servidor de Helena, habitante del Ida?

EL FRIGIO

¡Ilión! ¡Ilión! ¡Ay de mí! Ciudad frigia de fértil tierra, sagrado monte Ida, lloro tu ruina en triste canto, sí, en triste canto y bárbaro lenguaje, que te derribó la hija de Leda y del Cisne, la hermosa y funesta Helena, furia que allanó las murallas labradas por Apolo.[304] Oye mis lamentos, oye mis lamentos, mísera fundación de Dárdano,[305] cuna de Ganimedes, aficionado a los ejercicios ecuestres y querido de Zeus.

EL CORO