ORESTES

Y yo también. Propicia como la tuya es ya mi fortuna, ¡oh Menelao!, y propicios son también tus oráculos, ¡oh Apolo!

APOLO

Andad, pues, y venerad a la Paz, la más bella de las diosas: yo, atravesando el polo, sembrado de espléndidos astros, llevaré a Helena al palacio de Zeus, en donde se sentará al lado de Hera y de Hebe,[319] la esposa de Heracles, y será diosa entre los hombres, y la honrarán con libaciones, juntamente con los Tindáridas, hijos de Zeus, que protegen en el mar a los navegantes.

EL CORO

¡Oh Victoria, digna de la mayor veneración!; favoréceme mientras viva, y nunca dejes de coronarme.

ALCESTIS


ARGUMENTO

Desterrado Apolo del cielo por la muerte de los cíclopes, forjadores de los rayos con que Zeus mató a su hijo Esculapio, se refugió en el palacio de Admeto, rey de la Tesalia, cuyos ganados guardó, siendo recompensado por él generosamente. Agradecido a sus beneficios le salvó una vez la vida engañando a las Parcas, y obtuvo después el consentimiento de Zeus para librarlo de la muerte, si encontraba algún otro que quisiese morir por él. La empresa no era nada fácil, y hasta los padres de Admeto, ya ancianos, rehusaron hacer por su hijo este sacrificio. Sin embargo, Alcestis, su esposa, no vaciló en dar por él su vida, aunque joven, bella y reina, y dejando dos hijos huérfanos.