APOLO (que aparece sobre el palacio).[314]

Aplaca tu furia, ¡oh Menelao!, que yo, Febo, te lo digo, hijo de Leto, a quien ves delante de ti; y tú, Orestes, que con tus armas no te separas de esa virgen, oye mis palabras. Helena, a quien deseabas matar por vengarte de Menelao, no teme ya tu ira, y es esta que contemplas en los senos etéreos, salvada por mí, y no muerta a tus manos. Yo la liberté, yo la libré del filo de tu espada por mandato de Zeus, nuestro padre: basta que sea su hija para que viva inmortal con Cástor y Pólux y proteja a los navegantes desde los etéreos senos. Elige, pues, otra esposa, ya que los dioses, a causa de su belleza, hicieron combatir a griegos y frigios y consintieron esos horrores para purgar a la tierra de la soberbia de tantos mortales. Esto por lo que toca a Helena: tú, Orestes, después de atravesar los confines de este territorio, habitarás un año[315] en el suelo parrasio,[316] que en memoria de tu destierro se llamará Oresteo por los arcadios y azanes.[317] Desde allí irás a la ciudad de los atenienses, y darás cuenta a las tres Furias del asesinato de tu madre; pues los dioses, patronos de tu causa, te harán cumplida justicia en el Areópago, y tú vencerás. El destino manda, ¡oh Orestes!, que te cases con Hermíone, cuya cerviz amenazas ahora, pues nunca será esposa de Neoptólemo, a pesar de sus esperanzas. Una espada délfica lo inmolará cuando pida que yo sea castigado por la muerte de su padre Aquiles. Que el himeneo selle la unión de tu hermana con Pílades, a quien en otro tiempo la prometiste, y su vida será feliz en adelante. Tú, Menelao, deja a Orestes reinar en Argos, y regirás a Esparta, dote de tu esposa, causa para ti hasta ahora de incesantes trabajos. Yo arreglaré tus asuntos en aquella ciudad,[318] puesto que te obligué a matar a tu madre.

ORESTES

¡Oh profeta Apolo!, no nos engañaron tus oráculos, que has sido veraz, aunque temí haber oído la voz de algún otro numen, creyendo escuchar la tuya; pero todo se ha cumplido felizmente, y te obedeceré en cuanto mandan. Perdono a Hermíone la vida, y será mi esposa si lo aprueba su padre.

MENELAO

Salve, Helena, hija de Zeus: yo celebraré tu gloria, porque habitas en la afortunada mansión de los dioses. Ya que Febo lo ordena, te doy mi hija por esposa: noble eres tú, y noble ella y su linaje; que seas dichoso y yo también, que te la entrego.

APOLO

Obedecedme, y que acaben de una vez vuestras disensiones.

MENELAO

Obedezcamos.