ADMETO
Lo sé, y este mal no ha sobrevenido de repente; pero por lo mismo que me era conocido, atormentábame hacía tiempo. Ea, pues, celebremos con pompa sus exequias: quedaos aquí, y relevándoos unos a otros, cantad lúgubre canción al cruel dios de los infiernos. Que todos mis súbditos de la Tesalia lleven luto por esta mujer, corten sus cabellos y vistan negras ropas; y vosotros, los que uncís los caballos a las cuadrigas, y cabalgáis en sendos corceles, cortad con el hierro sus crines. Que en la ciudad no se oiga el sonido de las flautas, ni los acordes de la lira, en doce lunas completas. Nunca daré sepultura a otro cadáver más amado, ni a quien más obligaciones deba: digna es de que yo la honre, ya que solo ha muerto por mí. (Mientras canta el coro se llevan al palacio el cadáver de Alcestis, seguido de Admeto y de sus hijos).
EL CORO
Estrofa 1.ª — ¡Oh hija de Pelias!, que habites contenta en el palacio tenebroso de Hades, y que sepa el dios de negra cabellera,[340] y el anciano que con el remo y el timón transporta sentado a los muertos, que la mujer más buena, sí, la más buena, atravesará la laguna Aquerontia en la birreme barquilla.
Antístrofa 1.ª — Mucho te celebrarán los poetas, y la rústica lira de siete cuerdas, y canciones no acompañadas de ella, cuando los años, en su curso, traigan en Esparta el aniversario del mes Carneo,[341] y se vea la luna en toda su plenitud y en la brillante y feliz Atenas. Inagotable materia dejas al morir a los que rinden culto a las Musas.
Estrofa 2.ª — Ojalá que en mi mano estuviera, ojalá que me fuese posible devolverte a la luz desde el palacio de Hades y las ondas del Cocito,[342] con los remos del río infernal: que tú, la única, la mujer más querida, tú sola has consentido en rescatar de los infiernos a tu esposo al precio de tu vida. Leve sea la tierra que te cubra, ¡oh mujer! Si tu marido eligiere nuevo tálamo, muy odioso me será, sin duda, y también a tus hijos.
Antístrofa 2.ª — Como ni su madre ni su anciano padre quisieran morir por Admeto, habiéndolo engendrado, ni consintieran en salvarlo, a pesar de sus blancos cabellos, tú, en la flor de tu juventud, te sacrificaste por tu esposo. Séame dado tener en mi lecho compañera tan leal, que es suerte rara en la vida; viviría conmigo siempre sin molestia.
HERACLES (que llega desde lejos).
Extranjeros que habitáis esta tierra de Feres, ¿podré encontrar a Admeto en su palacio?
EL CORO