ADMETO

¡Ay, ay de mí!

EL CORO

Resígnate; no eres tú el primero que ha perdido...

ADMETO

¡Ay de mí!, ¡ay de mí!

EL CORO

...su esposa; otras desdichas agobian también a los demás hombres.

ADMETO

¡Oh luto y eterna aflicción por la muerte de la que amo, ahora debajo de la tierra! ¿Por qué me impediste arrojarme en su tumba, y con ella, con esa mujer, la mejor de todas, yacería yo también sin vida? Dos almas fidelísimas obedecerían a Hades en vez de una, y ambas habrían atravesado juntas el lago infernal.