¡Ay, que ningún mortal es libre! O son esclavos del dinero o de la fortuna, o el pueblo o las leyes le impiden seguir los impulsos de su corazón. Pero ya que temes y das tanta importancia a la muchedumbre, yo te libertaré de ese temor. Bástete saber los medios de que pienso valerme para castigar a mi enemigo; no me ayudes tú mismo; pero si los aqueos se alborotan y quieren socorrerlo, si le sobreviene algún daño, refrénalos y no descubras que lo haces por favorecerme. Confía por lo demás, que a mi cargo corre arreglarlo todo bien.

AGAMENÓN

¿Pero de qué manera? ¿Qué vas a hacer? ¿Empuñarás la espada con tus débiles manos y matarás a ese rey bárbaro, o con veneno o con ayuda ajena? ¿Quién te dará auxilio? ¿En dónde encontrarás un amigo?

HÉCUBA

Bajo estos techos se albergan muchas troyanas.

AGAMENÓN

¿De las cautivas hablas, presa de los griegos?

HÉCUBA

Con ellas castigaré al homicida.

AGAMENÓN