Al menos rogarás a tu esposa que lo pida a su padre.

JASÓN

Sin duda alguna, y espero conseguirlo, si es una mujer como tantas otras.

MEDEA

También yo te ayudaré en esa empresa: le enviaré presentes que exceden en belleza a todos los humanos que he visto; a saber: un sutil vestido y una corona de oro, que llevarán mis hijos. Conviene, pues, que cuanto antes traiga aquí algún criado estas galas. Tu esposa será feliz e incomparable en su dicha, no solo porque se casa contigo, que tanto vales,[423] sino porque poseerá ese don que en otro tiempo hizo el Sol a mis ascendientes. Tomad en vuestras manos estos nupciales dones, ¡oh hijos!, y llevadlos a la afortunada esposa, a quien debéis obedecer. Tales regalos no deben despreciarse.

JASÓN

¿Por qué, ¡oh insensata!, te desprendes así de ellos? ¿Crees que faltarán vestidos en el palacio del rey? ¿Crees que faltará oro? Guárdalos, no los des. Mi esposa me estima; me preferirá, sin duda, a todas las riquezas.

MEDEA

No me digas eso; dícese que hasta los dioses se aplacan con dones;[424] el oro entre los hombres vale más que infinitos discursos; favorécele la fortuna, el cielo le es propicio; mi vida daría gustosa porque no fuesen desterrados mis hijos, no ya oro. Vosotros, ¡oh amados!, así que entréis en ese opulento palacio, rogad a la nueva esposa de vuestro padre, hoy mi señora; suplicadle que os libre de mi pena, y presentadle esos regalos: lo que más interesa es que los reciba en su mano. Id cuanto antes; traed a vuestra madre el feliz mensaje de que ha logrado lo que desea. (Retírase Jasón con sus hijos).

EL CORO