[36] A propósito de este verso, repetido en el 66 de Orestes, dice J. A. Hartung en su Euripides, Hecube, XI, pág. 150: «Dieser aus Orest. (v. 66) herübergesetzte vers passt hier nicht: denn er sagt zu viel. Wie kann Hecabe, einige Tage nach der Einascherung ihrer Stadt, bereits sagen, dass sie sich freue und ihr Leiden vergesse im Anblick ihrer Tochter?». Al contrario, es lo más natural que después de haber perdido a su esposo, a sus hijos y a su ciudad concentrase en Políxena todo su afecto. No dice, pues, demasiado, ni es inconcebible que así se exprese, y tanto en boca de Helena como de Hécuba, siendo distinto el carácter de ambas, es una frase propia.

[37] Algunos eruditos rechazan la palabra πόλις, y ponen en su lugar κόσμος o πόθος, porque, en su concepto, es extraño que Hécuba compare a Políxena con una ciudad. Bien mirado, sin embargo, no lo es, porque su sentido es el más natural y comprensible. Hécuba solo quiere decir que Políxena es para ella un objeto tan amado como lo era Troya antes de perecer. Adviértase además que los griegos profesaban a la ciudad en que nacían el mayor cariño, y que no eran, ni con mucho, tan humanitarios ni cosmopolitas como nosotros.

[38] Todo este discurso de Odiseo replicando a Hécuba es un tejido de sofismas, entre los cuales domina la razón de Estado como supremo móvil de tan inhumano sacrificio. Por lo demás, caracteriza bien al astuto hijo de Laertes y al orador popular, despiadado y duro que, por congraciarse el favor del ejército, no retrocede ni aun ante los crímenes. Obsérvase, sin embargo, que el Odiseo que aquí vemos no es el de la Odisea de Homero.

[39] El Ida, hoy Kaz-dag, es un monte del Asia Menor a cuya falda estaba situada Troya, célebre por el juicio de Paris y porque de él nacían los ríos Escamandro, Rheno y Gránico.

[40] Leemos en Plinio, Hist. Nat., l. III, c. 43: «Antiquis Græciæ in supplicando mentum attingere mos erat». Abrazaban también las rodillas, o tocaban la mano, todo lo cual estaba consagrado a Zeus ἰκέσιος. Para no pecar contra Zeus, aquel a quien suplicaban se oponía a que le tocasen, como hace aquí Odiseo.

[41] La Frigia, una de las regiones del Asia Menor, se extendía en un principio desde la desembocadura del Meandro hasta cerca de Partenio, y bañábanla los mares Egeo, la Propóntide y el Ponto Euxino. Limitábanla al este el Halis, y al sur los montes de la Pisidia y de Licaonia. Con el tiempo variaron mucho estos límites. En ella estaba edificada Troya.

[42] En esta parte seguimos el texto griego de Hartung. En vez de ὀμμάτων ἐλευθέρων, se lee en muchas ediciones ἐλεύθερον, concertándolo con φέγγος, no con ὀμμάτων; pero es indudable, no solo que la luz no es cautiva de los ojos ni se liberta de su prisión al cerrarlos, sino que el poeta alude a la calidad de mujer libre de Políxena, pues aún no tenía dueño. Confirman nuestra opinión los versos 984 de la Ifig. en A., 219 del Hérc. Fur. y 868 de la Elect., en todos los cuales ἐλεύθερος va con ὄμμα.

[43] Juvenal va más allá, y dice: Nobilitas sola est atque unica virtus. (Sát. VIII contra la nobleza, v. 20).

[44] Entiéndese por peplo una especie de túnica ligera que cubría a la interior, sin mangas, bordada a veces de oro o de púrpura, que se sujetaba con broches, ya en el hombro, ya en el pecho. Hacía las veces de las túnicas de brocado con que vestimos a las efigies de las vírgenes, y engalanaba las estatuas de los dioses, y principalmente de las diosas. Los más famosos fueron el de Afrodita, obra de las Gracias, y el de Atenea. Unas veces llegaba hasta el suelo, y otras no. En las estatuas de la antigüedad se ve levantado o ceñido con un cinturón, y ordinariamente deja descubierta parte del cuerpo.

[45] El nombre de Dóride se daba a un reducido territorio entre la Fócide, la Lócride y la Tesalia, al ángulo SO de la Caria, en el Asia Menor, por las colonias dóricas fundadas en él y el Peloponeso, en donde se fijó esa raza helénica. Eurípides alude a esta última región, porque habla de riberas, y porque de allí eran Menelao y muchos guerreros griegos.