[56] Simois, río de la Tróade que nacía en el Ida, atravesaba la llanura de Troya y desaguaba en el Escamandro.

[57] Eurotas, hoy Iri o Vauli-potamo, río de la Laconia que bañaba los muros de Esparta y desembocaba en el golfo Lacónico. Era célebre por sus orillas, en las cuales, además de las cañas, crecían el mirto, la oliva y el laurel.

[58] Grande efecto debía causar en el público ateniense esta nueva desdicha de Hécuba. Acaso un poeta imperito, para hacer más impresión, hubiera ofrecido de repente a sus ojos el cadáver de su desdichado hijo; pero Eurípides no solo lo anuncia en el prólogo, φανήσομαι γὰρ, ὡς τάφου τλήμων τύχω, δούλης ποδῶν πάροιθεν ἐν κλυδωνίῳ, sino que la misma esclava lo indica ya claramente desde que comienza a hablar. Prepara, pues, el ánimo de los espectadores con ese delicado miramiento que observamos también en Sófocles y Esquilo.

[59] Como dice el escoliasta que Hécuba llama amado a Poliméstor irónicamente, κατ’ εἰρωνείαν λέγει τὸ φίλος ἡ Ἑκάτη, asegurando que el texto decía φίλος, no ξένος, hemos seguido esta versión por parecernos la más natural, y porque la palabra ξένος debió ser una glosa que se introdujo después para aclarar el sentido.

[60] La presencia de Agamenón, no llamado por Hécuba, se explica naturalmente recordando la proximidad de ambas tiendas, la distinción con que la trataba el general de los griegos, la resistencia que hizo al sacrificio de Políxena y su amor a Casandra, hija de la desdichada exreina de Troya.

[61] La expresión de despecho de Agamenón al ver que Hécuba no lo trata con la franqueza y la confianza que esperaba, es de lo más natural y sencillo, casi pueril, pero bello, sin embargo. Esto, encantadora cualidad de todo el teatro griego, más visible aún en Esquilo y Sófocles, es digna de imitación en nuestros tiempos, no solo porque agrada en todos, sino porque en ciertos periodos de la sociedad lo sencillo es al mismo tiempo lo más nuevo.

[62] Ya comienza a aparecer el carácter cruel y vengativo de Hécuba.

[63] M. Artaud, en sus Tragédies d’Euripide, 42, nota, recuerda muy oportunamente que este mismo pensamiento lo hallamos en Cic., Tusc., IV, 31, en un trozo de Trabeas que cita el famoso orador: Fortunam ipsam anteibo fortunis meis. También dice Plauto en la Asin., II, esc. 2, v. 1:

Ubi ego nunc Libanum requiram, aut familiarem filium

Uti ego illos lubentiores faciam quam Lubentia est.