Por lo demás, podríamos amontonar innumerables citas como estas, porque ese pensamiento es de los más frecuentes.
[64] Ya antes de ahora (V. el [Argumento] de Hécuba) hemos censurado esta razón de Hécuba para mover a Agamenón. Como complemento de lo que allí dijimos, añadiremos que el destino de Casandra, condenada a compartir el lecho del generalísimo de los griegos, era ignominioso, no solo porque perdía su virginidad, y no en virtud de legítimo himeneo, sino porque su suerte era al fin la de una esclava. La única disculpa de Hécuba, o más bien dicho de Eurípides, es que aquella no lo alaba ni enaltece, llevada de su deseo inmoderado de venganza. Limítase a aceptar este hecho consumado, explotándolo en su beneficio.
[65] Dédalo, como es sabido, fue un artífice famoso que juega un papel nada lisonjero en la fábula de Pasífae y del Toro, autor del laberinto de Creta, de las primeras estatuas griegas y hasta del arte de volar, que costó la vida a su hijo Ícaro. Este personaje debió ser egipcio, ya por lo que sabemos de sus obras de arte, ya por la época en que vivió, en la cual hubo estrechas relaciones entre el Egipto y la Grecia. Algunos creen que es fabuloso, si bien no hay la menor duda de que su nombre simboliza el ingenio y la más fecunda inventiva.
[66] Esta debilidad de Agamenón no se explica de ninguna manera, atendido su tradicional carácter. El hombre ambicioso que sacrifica inhumanamente a su hija Ifigenia por ganar gloria y renombre, el héroe feroz y duro de aquellos tiempos, no es el Agamenón de Eurípides, que se expone a servir de ludibrio a todo el ejército si se descubre su condescendencia a los ruegos de Hécuba por amor a Casandra. Solo lo justificaría alguna pasión violenta, que no consta ni aparece en toda la tragedia.
[67] Dánao, padre de cincuenta hijas, las casó con los cincuenta hijos de su hermano Egipto, todos los cuales fueron asesinados por sus esposas en la noche de bodas, excepto Linceo, a quien salvó la danaide Hipermnestra, y fue el vengador de sus hermanos. (V. Las Sup. de Esquilo).
[68] Los de Lemnos robaron varias doncellas atenienses, de quienes tuvieron hijos que aborrecían de muerte a sus padres por el odio que les inspiraron sus madres. Habiendo intentado exterminarlos, todos ellos murieron a manos de sus esposas e hijos.
[69] El texto dice ἐῤῥυθμιζόμαν, de ῥυθμίζω, compongo, ordeno, arreglo. M. Artaud, I, 46, traduce relever sur la tête: Hartung, XI, 97, v. 890, ich band mit der Rind empor. Siempre es extraño que las troyanas se aliñasen el cabello antes de dormir, a no ser que el poeta aluda a la costumbre de las griegas, que hoy reina entre muchas que no lo son, o de sujetarlo con cintas para rizarlo al día siguiente, o solo para descansar mejor.
[70] Esto es, solo con la túnica, el vestido que inmediatamente cubría sus carnes.
[71] Las dóricas o lacedemonias usaban solo este sencillo traje, ordenado por Licurgo, ya para que se acostumbrasen a resistir a la intemperie, ya para mayor comodidad en sus luchas y ejercicios varoniles. Sabido es que ni la decencia ni la moral atormentaron mucho la imaginación de este legislador.
[72] Este movimiento de Hécuba es muy natural, ya porque se horrorizaba al mirar al asesino de su hijo, ya para disimular el odio que debía reflejarse en sus ojos.