[115] Alfeo, río de la Élide que nacía en la Arcadia, cerca de Megalópolis, pasaba por Olimpia y Pisa, y desembocaba en el mar Jónico. Estas hecatombes de que habla el poeta se hacían en Olimpia en honor de Zeus, y en Delfos en honor de Apolo. El Amor, dios alegórico, no tuvo altares ni templos hasta más tarde.
[116] La Ecalia era una ciudad tesalia, próxima a la Etolia. Eurito, su rey, prometió dar la mano de su hija Yole al que lo venciera tirando el arco. Heracles lo venció, y no queriendo cumplir su promesa, fue tomada su ciudad y él pereció delante de su hija, que como furiosa bacante recorría el campamento enemigo. (V. las Traquinias, de Sófocles.)
[117] Teseo.
[118] Célebre frase, sutileza de Eurípides tan inmoral como sofística, que justamente ha levantado contra él a todos los críticos sensatos. Sin embargo, como el ingenio humano es siempre el mismo, y siempre hábil en buscar argucias para eludir sus deberes o paliar sus faltas, no han escaseado en épocas posteriores sectas heréticas y perniciosas que han aplicado este mismo principio falso, probablemente sin conocer las palabras de Eurípides.
[119] Esta larga y sangrienta sátira contra las mujeres, tan del gusto de Eurípides, es, sin embargo, en nuestro juicio, muy inferior a la celebérrima de Juvenal, imitada después por tantos otros, y entre ellos por nuestro Quevedo. Afortunadamente no escasean en ella las puerilidades, y en general es injusta y poco sólida. Shakespeare en su Cymb., acto II, última escena, se desata también contra el bello sexo en estos términos:
Could I find out
The woman’s part in me! For there’s no motion
That tends to vice in man, but I affirm
It is the woman’s part: be it lying, note it,
The woman’s; flattering, hers; deceiving, hers;