[182] Según dice el escoliasta, la ninfa Amimone fue perseguida por Poseidón, que clavó su tridente junto a la laguna de Lerna, e hizo brotar una fuente de agua viva. Lo que parece positivo es que esta fuente estaba próxima a dicha laguna, según es de colegir de las siguientes palabras de Estrabón: δείκνοται δὲ καὶ Ἀμυμνώνη τις κρήνη κατὰ Λέρνην.
[183] Esta estrofa encierra tales desatinos geográficos, que es muy difícil entenderla, a no suponer que Eurípides no sabía una palabra de Geografía, lo cual dista mucho de ser cierto, pues en todo caso sería el único error de esta especie en que incurre. No solo la Fenicia no era una isla; sino que para venir a Tebas era imposible que diesen el absurdo rodeo de navegar hacia ella por el mar Jonio. En nuestro juicio, lo que dice solo debe entenderse de la Sicilia, adónde en todo caso vinieron desde Tiro, colonizado por los fenicios, y más tarde por los cartagineses, que tanto se les asemejaban.
[184] Cadmo era hijo de Agénor.
[185] El Parnaso, monte de la Fócide, tenía dos cumbres: en una estaba situado el santuario de Apolo, y en la otra el de Dioniso. En ambas se veían de noche las antorchas de las fiestas que se celebraban. Inmediata al santuario de Dioniso se ostentaba una vid que producía diariamente un pesado racimo, de cuyo zumo se hacía el vino destinado a las libaciones del dios. También se enseñaba a los devotos la caverna de la serpiente Pitón, cuya piel se guardaba en el templo, y el lugar desde donde el dios pudo sorprenderla y matarla.
[186] Ío era hija del río Ínaco. Enamorose de ella Zeus, y temiendo a la celosa Hera, la convirtió en vaca para ocultar sus amores. Habiéndosela pedido Hera, y no atreviéndose a negársela, la dio a guardar a Argos, de cien ojos, que murió a manos de Hermes. Al fin, después de largas correrías, se detuvo a las orillas del Nilo, y dio a luz a Épafo, padre de Belo, Agénor y Fénix. Se cree que era la diosa egipcia Isis, y Épafo, su hijo Apis. El coro alude a la fundación de Tebas por los fenicios.
[187] La solemnidad inherente a esta clase de espectáculos no permitía que se hablase en otra lengua que en la griega. El poeta, sin embargo, supone que el coro habla en fenicio, cuando su lenguaje es griego castizo. Tal inverosimilitud no debe extrañarnos habiendo leído obras maestras de los más célebres poetas dramáticos, que suelen cometerlas a cada paso. Por lo demás, esta escena es tan tierna y bella, que acaso no se encuentre otra semejante en todas las tragedias de Eurípides.
[188] Hay tanto y tan profundo sentimiento en estas frases de Yocasta, y encierran tan triste verdad, que no es posible leerlas sin melancolía. Tiene razón: ¡pobres madres, que sufren penas infinitas, convertidas de ordinario en doloroso centro adonde convergen todos los males y disgustos de las familias!
[189] El texto griego, antes que Jacobs lo corrigiera, aparecía tan defectuoso, que hemos preferido seguir su opinión, teniendo en cuenta que la primera condición de cualquier obra literaria es la claridad. En efecto, desde el verso 395, si adoptamos el texto vulgar, hallamos tal incongruencia entre las preguntas y respuestas de Yocasta y Polinices, que es imposible creer en su autenticidad. Por ejemplo, cuando Yocasta pregunta a Polinices cómo llegó a Argos y con qué objeto, este contesta que Adrasto tuvo conocimiento de cierto oráculo de Apolo. Así es fácil comprender, o que se ha trocado el lugar que estos versos deben ocupar respectivamente, o que falta algún complemento del sentido. Hemos creído, pues, que basta conservarlo, alterando solo la numeración de los versos.
[190] Padre de Adrasto, rey de Argos.
[191] La centuria, en griego λόχος, varió, según los diversos tiempos, desde 8 hombres hasta 100 entre los atenienses, y 125 entre los lacedemonios.