Οὐκοῦν ἔδωκε τῇ τυχῇ τὸν δαιμώνα.
«Ha dado, pues, el destino a la fortuna», lo cual ni entendemos nosotros ni podrá nunca entender nadie. Δαίμων y τύχη significan la suerte, con la diferencia de que la primera es obra de los dioses y la segunda de la casualidad, como lo prueban estas palabras de Polinices, verso 403: ὁ δαίμων μ᾽ ἐκάλεσεν πρὸς τὴν τύχην. Sin embargo, con el verbo ἔδωκε no nos es posible traducir el verso, y como ἔτισε de τίω, resuelve la cuestión satisfactoriamente, no hemos vacilado en aceptarlo, siguiendo la opinión de Hartung. (Comm. a Las Fen., páginas 262-263).
[240] Creonte y Eteocles defienden en esta cuestión las leyes y costumbres griegas, con arreglo a las cuales el que venía armado con un ejército extranjero a hacer la guerra al suelo y a los dioses patrios, no podía ser sepultado en su territorio. Autígona, al contrario, personifica nuevas ideas, más filosóficas y humanitarias, más propias de nuestro tiempo, las cuales, como sucede de ordinario, están en abierta contradicción con las antiguas.
[241] Creonte recuerda la amenaza de Antígona de matar a Hemón, cual otra Danaide, en la noche de sus bodas.
[242] Colono, aldea inmediata a Atenas, con un bosque consagrado a las Euménides, en donde murió Edipo. Había allí también un templo de Poseidón, dios que creó el caballo al golpe de su tridente, cuando Atenea hizo brotar el olivo.
[243] Es de presumir que esta tragedia en su conclusión ha sufrido la misma suerte que la Ifigenia en Áulide. Es probable que los últimos folios del códice más antiguo fueran arrancados, o que se llenaran las márgenes con citas y versos de la Antígona, del mismo Eurípides, y del Edipo, de Sófocles. Los primeros comentaristas hubieron de embrollarlo más, deseando corregirlo; y como Valckenaer, el erudito más capaz de enmendar estos errores, cansado ya al fin de su trabajo, los dejó como los encontrara, nada tiene de extraño que su autoridad haya sido tal que ninguno osase tocarles. Nosotros seguimos el texto de Hartung por parecernos el más auténtico.
[244] Nada dice Eurípides en este prólogo de los demás tormentos de Tántalo, conocidos hoy hasta por los menos versados en la mitología griega. Fue castigado, como Ovidio por Augusto, por haber revelado lo que debió callar. Algunos mitólogos aseguran que el secreto era relativo a Zeus y Ganimedes.
[245] Pélope, según la fábula, murió a manos de su padre Tántalo, que lo sirvió a los dioses a la mesa para probar su naturaleza divina; pero Zeus conoció el engaño y le devolvió la vida. Después pasó a la Élide y se casó con Hipodamía, hija de Enómao, y engendró a Atreo, Tiestes, Piteo y Trecén, llamados los Pelópidas.
[246] Cloto, una de las tres Parcas.
[247] Tiestes, por reinar, sedujo a su cuñada Aérope la cretense, mujer de Atreo, y tuvo de su adúltero comercio varios hijos; pero Atreo lo descubrió, y para vengarse los mató, fingió reconciliarse con él y se los sirvió en este festín fraternal, revelándoselo después de comidos.